utfidelesinveniatur

miércoles, 25 de enero de 2017

EL PURGATORIO - La última de las misericordias de Dios - R.P Dolindo Ruotolo

LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS SE
VERIFICA EN EL PURGATORIO

Uno de los dogmas más consoladores que confesamos al rezar el Credo, es la Comunión de los Santos. La Iglesia Católica no se limita a la tierra, sino que tiene confines indeterminados e inmensos, porque abarca en el cielo a los bien-aventurados, en el Purgatorio a las almas purgantes, y en la tierra a aquellos que van peregrinando en las pruebas de la vida. Es una sola y gran familia, en la cual todo está en su lugar en perfecta armonía: las alegrías, las penas y los triunfos de los Santos, los sufrimientos del Purgatorio y las pruebas de los mortales. Mientras nosotros en medio de las amarguras de la vida nos alegramos de la gloria de los bienaventurados, y compadecemos las almas purgantes, los Santos que nos han precedido en la felicidad, se conmueven al pensar en los peligros en los cuales vivimos. Las almas purgantes por la Comunión de los Santos no se sienten aisladas y entienden que sus penas no son una venganza de justicia, sino una exigencia en el amor. Dios no castiga nunca, con ira, desprecio, ni venganza. No hay frase más fea y menos verídica que decir: Ira de Dios para indicar un flagelo o una catástrofe excepcional. No, Dios es caridad y es todo amor, obra siempre por amor. Si no consideramos este amor, el alma se confunde y no ama a Dios, considerándolo como una Potencia que arruina, una Sabiduría que examina sin compasión hasta los cuadrantes de nuestras debilidades, un amor que se mantiene alejado de nosotros, permaneciendo en el misterio de la unión del Verbo al Padre y del Padre al Verbo. Al contrario, el amor de Dios envuelve a todas las criaturas, tomando en cuenta hasta los cabellos de sus cabezas y teniendo cuidado hasta del gorrión que vuela en el espacio.

Los Ángeles y el Purgatorio

Por la comunión de los Santos, los ángeles tienen relación de amor con las almas purgantes, ellas en efecto, están destinadas a llenar el vacío espantoso producido en los coros angelicales por la caída de Lucifer y de los ángeles rebeldes, y por lo tanto, los ángeles buenos las miran como hermanas. Cada una de aquellas almas fue encomendada a un Ángel Custodio, que no puede abandonarlas y quiere cumplir su misión acompañándolas al Paraíso. La Iglesia en la fiesta de San Miguel Arcángel tiene expresiones que confirman la asistencia de los Ángeles a las almas purgantes; “Arcángel San Miguel, yo te he constituido príncipe sobre las almas que deben ser recibidas en el cielo….” A este arcángel, Dios le encomendó “las almas de los Santos para conducirlas al Paraíso de la alegría”. San Miguel Príncipe del Purgatorio y por lo tanto, Príncipe de los Ángeles que tienen a su cuidado las almas que sufren, no puede sino interceder por ellas. La oración de éste Arcángel, conduce las almas al Reino de los Cielos. La asistencia de los Ángeles a las almas purgantes está confirmada por muchas revelaciones. Recordamos lo acontecido en Nápoles en el Monasterio de Santa Catalina relatada por el Padre Rossignoli. En aquel monasterio había una costumbre de rezar cada noche antes de retirarse, la “Oración de los Muertos”, a fin de que antes de darles reposo al cuerpo, encontraran alivio las almas del Purgatorio. Sucede que en una ocasión, después de un largo trabajo que habían tenido en la jornada, las hermanas cansadas omitieron esta piadosa práctica. Entonces se vio una estela de Ángeles descender desde el cielo en el coro del Monasterio y rezar aquella Oración omitida por las religiosas.
La intercesión de los Santos

De muchas revelaciones se desprende, como los Santos interceden por las almas purgantes en virtud de la Comunión de los Santos. Los fundadores de Ordenes Religiosas conservan siempre el afecto de Padres tiernísimos para quienes fueron sus hijos. San Felipe de Neri fue visto después de la muerte, rodeado de un grupo de religiosos de su Congregación que fueron liberados por él. San Francisco de Asís prometió a sus frailes descender al Purgatorio después de su muerte para liberarlos porque fueron fieles observadores de la Regla, especialmente de la Santa Pobreza.

El Privilegio Sabatino

Si los santos pueden consolar a las almas purgantes, imaginemos como lo puede hacer María Santísima que siempre es una Madre amorosa. Leemos en las Revelaciones de los Santos que el Sábado, día dedicado a la Virgen, es el día de fiesta del Purgatorio, porque la Madre de la Misericordia baja a aquella cárcel penosa para visitar y consolar a sus hijos e hijas. En virtud del privilegio sabatino, aquellas que han llevado el escapulario de la Virgen del Carmen y han cumplido las condiciones requeridas, son liberadas del Purgatorio el primer sábado después de su muerte. En las fiestas de María, y en especial en la Asunción, la Virgen Santísima baja al Purgatorio y libera una multitud de almas purgantes. Esto es atestiguado por San Pedro Damián y lo confirma la siguiente narración: Siendo una piadosa costumbre del pueblo romano, el visitar las iglesias con cirios en mano durante la noche de la vigilia de la Asunción, sucedió que una noble dama mientras estaba arrodillada en la Basílica de Santa María, con gran sorpresa ve aparecer frente a ella, una mujer que conocía bien y que había muerto en aquel mismo año. Quiere esperarla en la puerta de la iglesia, y al verla salir, la tomó de la mano y llevándola aparte le preguntó; ¿” No eres tú mi madrina Marozia que me llevó a la fuente Bautismal”? “Sí, responde la difunta. Soy yo misma”. ¿Cómo es que te encuentras entre los vivos si ya falleciste hace varios meses? ¿Y qué te ha sucedido en la otra vida? - “Hasta hoy – responde el alma – he quedado sumergida en un fuego ardiente por tantos pecados de vanidad que he cometido en mi juventud, pero, en ocasiones de esta gran solemnidad, la Reina de los Cielos, bajando en medio de las llamas del Purgatorio me liberó junto a muchas almas, para hacerme entrar en el cielo el mismo día de su Asunción. Cada año la Divina Señora renueva ese milagro de misericordia y el número de almas que ella libera de esta manera es como el de la población de Roma (en aquel entonces Roma contaba con alrededor de 200 mil habitantes). En reconocimiento de esta gracia, nosotros nos recogimos en esta noche en los Santuarios Consagrados a Ella, y si tus ojos me ven sólo a mí, yo no estoy sola, somos una gran multitud”. Viendo que la ahijada permanecía atónita y dudosa, agrega: “En prueba de la verdad de lo que he dicho, te anuncio que morirás de aquí a un año en esta misma fiesta”. San Pedro Damián cuenta que la piadosa dama después de un año que aprovechó en ejercitar muchas virtudes, y prepararse dignamente a la muerte, se enfermó en vísperas de la Asunción, murió el mismo día de la fiesta, tal como lo había predicho su madrina.