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lunes, 10 de octubre de 2016

EL MANUSCRITO DEL PURGATORIO

(AÑO 1882)


SEPTIEMBRE 1882.- Jesús ha hecho mucho por ti y todavía hará más en el futuro, pero tienes que corresponder a su gracia y ser muy generosa. Las almas que llegan a la perfección, que Jesús pide de ellas, son dueñas de su corazón: Él no les niega nada. Cuando hayas llegado allí, Jesús y tú serán una sola cosa, Tendrás los mismos sentimientos, los mismos pensamientos, los mismos deseos. Se, siempre, buena, apúrate a llegar a ser una gran santa para procurar mucha gloria a tu único amigo, que espera ese momento para derramar a torrentes sus gracias sobre ti. Todavía no has hecho suficiente esfuerzo para vigilar tu interior y para conservar la divina presencia de tu Jesús. Pruébate, esfuérzate y serás muy ayudada. Jesús sólo espera un poco de buena voluntad y Él hará el resto. Di a ti misma cada día: por qué Jesús me concede tantas gracias particulares, qué pasará? Qué debo hacer? Qué haré para corresponder bien? Meditar en tales reflexiones hará bien a tu alma. Reflexiona seriamente; cuanto te he dicho ahora es la voluntad de Dios. El quiere también que trabajes seriamente en tu perfección, porque de la tuya dependen muchos otros. Jesús tiene un amor tan grande por ti que quiere colmarte de sus gracias de elección, de favores particulares, que ordinariamente sólo concede a sus amigos íntimos. Adelanta con tu oración y tus sacrificios el feliz momento en que vendrá la divina unión que Jesús quiere contraer con tu alma. Reconoce delante de este divino Amigo lo grande de tu indigencia, el abismo de tus miserias y déjalo hacer. Enriquecer a los más pobres, es lo propio de su amor. Refulge más su bondad. Oh!. Ama mucho a Jesús. Adhiérete a Él más estrechamente de lo que se pueda imaginar. Adhiérete con todas las fuerzas de tu corazón, tanto para vivir únicamente por su santo amor.!. Por amor de Jesús, ama a todas las personas que te rodean y aquellas con quienes te relacionas. No tengas temor de gastarte en gentileza, o raciones, abnegación, preocupaciones por su cuidado. Entre más un alma ama a Jesús, más ama ella a sus semejantes.

30 OCTUBRE.- Te lamentas siempre, porque, tú dices, quisiera ser como todas las otras hermanas, pero todavía no has terminado conmigo!. Estás obligada a escucharme hasta que quiera el buen Dios. Has todo lo que quieras, yo tengo ahora muchas cosas que decirte y tú lo sabes. Tendría que haber quizás más razones al respecto?

25 DICIEMBRE.- No te de pena si no estoy todavía en el Cielo. Es verdad que te he dicho: “No entraré si no el día en que hayas alcanzado la perfección que el buen Dios pide de ti”. Eso, no obstante, no creas que llegarás en un instante a la alta perfección, y no es el primero el que de ti exige. Tú sabes que Jesús te ama, aunque estás lejos del estado en el que Él quiere ver tu alma. El sabe, este querido Amigo, que haría falta un milagro, para alcanzar este estado perfecto que Él exige de ciertas almas, y tal milagro, no quiere hacerlo. Tienes que salir poco a poco del sendero, a veces tan áspero de la naturaleza. Para alcanza la meta que Jesús quiere que alcances, es necesario que estés muerta totalmente a ti misma, que no tengas más ni voluntad, ni amor propio. Todavía no has llegado. Así cuando se te acusa sin razón, cuando se te atribuyen intenciones que no has tenido (sabes bien a que cosa quiero referirme), y bien, no debes turbarte por tales cosas. El buen Dios permite todo esto, a fin de darte modo de renunciar a ti misma y de adherirte únicamente a Él. Él quiere que llegues al punto en que nada turbe en ti la calma interior: penas, gozos, contrariedades, todo pasa indiferentemente. Sólo Él entiende bien, quiere dominar todas las potencias de tu alma, satisfacer todos tus deseos, aquietar plenamente tu corazón y ser para ti todo en todo; y no es esto, créelo, la obra de un día.


No, no eres demasiado buena!. En ciertos casos es mejor ceder que dominar. Te sugiero un modo de proceder que Jesús quiere que aprendas. Antes de dar una advertencia, antes de hacer un reproche merecido por una alumna o por cualquier otra persona, recógete un segundo; desde allí, colócate en el lugar del que quieres dirigir y procede en su atención cómo quisieras que se hiciera contigo en igual ocasión. Entonces Jesús estará contento.