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sábado, 14 de noviembre de 2015

NOVENA A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE EL BUEN SUCESO



DÍA PRIMERO

Considera cuán grandes e incomparables son los prodigios del Ser Omnipotente, manifestando los tesoros de su Misericordia en favor de sus  redimidos.  Pues,  si  admiramos  los  excesos  de  su  bondad  en  la multitud de beneficios  con que  nos ha  enriquecido,  con  mayor  razón debemos asombrarnos y llenarnos de la gratitud por el beneficio más demostrativo  de  su  diestra  mano,  con  que  nos  ha  engrandecido, dándonos  a  una  excelentísima  y  privilegiada  Criatura,  como  María, para  nuestro  consuelo,  principalmente  para  los  que  le  sirven  y  aman de corazón, inspirando a los padres e hijos de la Iglesia, diversos títulos y  advocaciones  con  que  la  honrasen,  diesen  cultos,  y  recibiesen  los mayores  favores  de  su  amparo  y  protección;  como  lo  han experimentado muchas veces los verdaderos devotos de la Madre de Dios; especialmente por medio de la portentosísima Imagen del Buen Suceso, existente en el Templo del Hospital Real de la Villa de Madrid, que  es  tan  prodigiosa,  desde  el  especial  con  que  fue  hallada repentinamente  en  un  yermo,  sin  ser  buscado  ese  Tesoro;  pudiendo decirse lo que del mismo Dios expresa el profeta Isaías:  “Déjeme hallar de quien no venía en mi busca y destíneme al bien de los que no habían hecho  opinión  de  mi  bondad  ni  formado  crédito  de  mi largueza.”  Por este  prodigioso  principio,  parece  que  el  Altísimo  hizo  patente  su Voluntad de que fuese  honrada y venerada su Santísima Madre en la advocación del Buen Suceso.

Oración.
¡Oh  Señor  de  infinita  bondad!  que  con  la  milagrosa  invención  de esta imagen de María Santísima nos habéis dado un recurso poderoso para  acudir  con  toda  confianza  a  su  amable  protección  en  nuestras necesidades,  concédenos  los  auxilios  con  que  encontremos  fervor  y confianza para saber honrar  y servir a esta vuestra Criatura predilecta; para  que  por  su  intercesión  alcancemos nuestra  santificación  y después el Cielo, Amén.

ACCION DE GRACIAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN

(Para todos los días)

¡Oh Virgen bendita entre todas las mujeres!  nos faltan voces para daros  gracias  por  los  innumerables  beneficios  que  de  vuestra  mano recibimos. El día que nacisteis al mundo puede llamarse día de gracia, de salud y de consuelo. Vos sois el honor del género humano, la alegría del  Paraíso,  la  prenda  amada  de  Dios  y  la  salud  de  nuestro  pueblo. ¿Qué méritos tenemos, Virgen Santísima del Buen Suceso, para que os deis  a  conocer  por  Madre  nuestra?  ¡Sea  infinitamente  bendito  aquel Dios que así lo quiso! Sé Vos igualmente bendita, Virgen María pues,  a pesar de nuestras ingratitudes os mostráis a nuestro favor tan propicia. Haced,  pues,  Madre  clementísima  que  vuestra  Imagen  sea  nuestro consuelo  en  la  tierra,  siendo  nuestro  refugio,  nuestro  auxilio,  y protección, así en las necesidades públicas como privadas. Haced que se aparten de nosotros las guerras; la peste, el hambre, los rayos, los terremotos  y  todos  los  azotes  que  por  nuestras  culpas  merecemos. Rogad por la Santa Iglesia y pos su cabeza visible. Oíd las súplicas de los que  os  invocan,  acordaos  que  sois  nuestra  Abogada,  nuestra  Madre; pues como a tal ponemos en Vos nuestra confianza. A  vos recurrimos, y  esperamos  que  nos  alcanzaréis  de  vuestro  Hijo,  el  perdón  de nuestras culpas y perseverancia en la gracia hasta la muerte. Amén.
(Aquí elevando cada uno su corazón a Dios,  pida por intercesión
de María Santísima del Buen Suceso, lo que desea alcanzar.)

GOZOS A LA SANTÍSIMA VIRGEN
María Virgen Madre
Cuya preeminencia
Tiene siempre absorta
A toda la tierra.
Respóndase:
Ampáranos pía,
Pues eres Madre nuestra.

Sola sin ejemplo
Diste complacencia
Al Verbo del Padre,
Que en tu honor se esmera.
Ampáranos pía…

Eres el más digno
Templo de la Excelsa
Trinidad augusta,
En quien te embelesas.
Ampáranos pia…

En ti tiene asiento
La misma pureza,
Los Ángeles gozo,
Los tristes clemencia.
Ampáranos pia…

El orbe cristiano
Te clama por Reina;
El Rey de los reyes
Te tiene a su diestra.
Ampáranos pia…

¡Oh Madre de Gracia!
¡Oh esperanza nuestra!
De náufragos puerto
Y del mar estrella.
Ampáranos pia…

Puerta del Empíreo
Patente y perpetua,
Salud del enfermo,
Luz en las tinieblas.
Amparános pia…

Por ti, pues, logremos
Ver a Dios en esa
Corte de los Santos,
Donde vive y reina.
Ampáranos pia…

Guía nuestros pasos
Y asístenos tierna,
¡Oh dulce María!
En la hora postrera.
Ampáranos pia…


Admite alabanza
De afectuosa lengua,
Que expresar no puede
Tus raras grandezas.
Ampáranos pia…
Oh! Madre de gracias!

Antífona
Santa  María,  socorred  a  los  miserables,  ayudad  a  los  débiles, esforzad  a  los  afligidos,  rogad  por  el  pueblo,  interceded  por  el  clero, pedid por los devotos. Sientan Señora,  vuestro favor y amparo, todos los que celebran vuestra memoria santísima.

V. Rogad por nosotros ¡Oh Virgen del Buen Suceso!
R.  Para  que  seamos  dignos  de  alcanzar  las  promesas  de  Nuestro Señor Jesucristo.

ORACIÓN FINAL

Os rogamos, Dios y Señor Nuestro, que  nos concedáis la salud del alma  y  del  cuerpo  por  la  intercesión  de  la  gloriosa  Virgen  María;  por cuyos méritos y los de su soberano Hijo Jesús, esperamos ser libres de los males presentes, y alcanzar los bienes eternos. Amén.


DÍA SEGUNDO

Considera en la alta providencia del Altísimo como quiso favorecer a  los  mortales,  manifestándoles  un  tesoro  escondido  en  la  preciosa imagen su Santísima Madre, bajo la advocación del Buen Suceso, con prodigiosa suerte. Porque habiendo muerto el hermano Bernardino de Obregón,  fundador  de  la  Hermandad  de  los  Mínimos  para  el  servicio de enfermos; fue elegido para  remplazarle  Gabriel de Fontaned y éste con  Guillermo  Rigosa  fueron  a  impetrar  del  Sumo  Pontífice  la aprobación  del  Instituto  y del  hábito  y  cruz  morada  que  le  distingue. Luego  que  ellos  llegaron  a  los  confines  del  Principado  de  Cataluña, pasando por el pueblo de Traigueras de la jurisdicción de Tortosa, les sobrevino  una espantosa  tempestad,  de  agua  y granizo,  acompañada de  truenos  y  relámpagos  cuyos  estruendos  herían  sus  pechos  con horror y espanto. En tales conflictos acudieron a Dios suplicándole que les  deparara  algún  albergue,  a  donde  pudiesen  refugiarse  para disponerse a bien morir, porque la porfía y rigor de la tempestad, les persuadía ser inevitable un fracaso. Mas, como la Divina Misericordia premia  la  resignación  y la  paciencia,  dispuso  que  aquel  trabajo fuese presagio  de  una  feliz  aventura;  porque  a  la  medrosa  claridad  de  un relámpago, divisaron unas peñas algo desviadas del camino, y hallaron en  ella  una  espaciosa  concavidad  tan  bien  labrada  y  dispuesta  que parecía obra de pulido artífice y en lo alto y cóncavo de aquellas  peñas vieron  un  resplandor  admirable  y sintieron  juntamente  una  fragancia suavísima  y  unos  aromas  celestiales,  que  excedían  en  mucho  a  los olores terrenos. Bañóseles el alma de una alegría tan grande mezclada con afecto de admiración y reverencia, que sintieron al mismo tiempo un impulso interior de conocer las causas de aquellas maravillas.

Oración.
¡Oh  Dios  admirable  en  todas  vuestras  obras!  que  convertisteis siempre  los  más  azarosos  sucesos  de  la  vida  en  pruebas  de  vuestras misericordias, y que en los conflictos más desesperados disponéis los preludios de vuestros prodigios en favor nuestro como hicisteis con los hermanos  Mínimos  por  medio  de  esa  horrorosa  tempestad. Concedednos por intercesión de esa Reina del  Buen Suceso, la virtud de  la  paciencia,  para  sufrir  con  ánimo  resignado  los  trabajos  que  os enviare vuestra Divina Voluntad: porque Vos mismo los convertiréis en consuelos de esta vida y después nos daréis el premio eterno, donde cantaremos  para  siempre  vuestras  alabanzas  y  de  María  Santísima. Amén.



DÍA TERCERO

Considera como los viajeros impulsados por la gracia y atraídos por la  curiosidad  de examinar  tan  sorprendentes  maravillas,  se encaminaron  al  sitio  en  donde divisaron  su  refugio.  Descalzáronse  y trepando, con grandes dificultades y con mutua ayuda, por enris cados peñascos y abruptos despeñaderos,  llegaron a la concavidad divisada a la claridad del relámpago. ¡Y cuál su sorpresa de gozos y admiración! al contemplar en esa cueva primorosamente trabajada por la naturaleza como espacioso templo,  una  hermosísima  Imagen  de  la  SantísimaVirgen  con  su  bello  Hijo  en  el brazo  izquierdo,  un  cetro  en  la  mano derecha  y  ceñida  la  frente  con  preciosísima corona.  Su  traje  a  la antigua,  pero  aseado,  y  a  un  lado  otro  de  la  misma  tela  y hechura. Adornan  el  sitio  muchas  y  variadas  flores  que  alfombraban  el pavimento y  trepando  por  las  paredes  embalsamaban  con  exquisita fragancia la dichosa estancia de la Reina del Cielo. Mas era de singular reparo una lámpara incrustada en la roca con habilísimo artificio, que encendida  despedía  el  fulgor  de  muchas  luces. ¡Cuánta  belleza  y encanto propios para honrar a tan admirable Señora! ¡Cuánta sorpresa y  admiración  para  los  absortos  viajeros!  quienes  extasiados  contemplaban un  trozo  de  Cielo  y  desahogaban  su  corazón  convulso  y anhelante  en  presencia de su  Madre  que  por  modo  tan  casual,  y después  de  tan  horrorosa  tormenta,  se  les presentaba  radiante  de hermosura y afabilísimo rostro para servirles de refugio y de consuelo en tan desesperado trance.Desahoga,  pues  alma  mía,  tus  penas  ante  la imagen  de  María, siempre  que  los  pesares  de  la  vida  y  los  peligros  más inminentes quieren hacerte desesperar. Acude a Ella con tranquilidad y confianza, agradeciendo a Dios, porque ha ostentado su Omnipotencia, haciendo encontrar en tan escondido paraje esa portentosa imagen,  para honra de  la Inmaculada  Virgen,  y  para  que  todos  la  venerásemos  bajo  tan preciosa advocación del Buen Suceso.

Oración.

¡Oh Dios de Misericordia!  que jamás abandonas en la desolación a quien  te  sirve  fiel y fervoroso  en  medio  de  los  azares  y  peligros  del tiempo,  y  que  para  nuestro refugio  en  las  adversidades  nos  mandas acudir  a  vuestra  Madre  y  abogada  de  los atribulados  concédenos  un corazón  tierno  y  fervoroso  para  buscar  a  María  y hallarla  amante  y protectora  siempre  que  la  sirvamos  de  verdad,  para  merecer, por  su intercesión una vida cristiana y después el Cielo. Amén.



DÍA CUARTO

Considera cuál sería el gozo inefable que se apoderó de los buenos Hermanos al contemplar tantos primores que circundaban estancia tan magnífica, en donde sobresalía como astro esplendoroso la Imagen de su Madre  querida, ante quien se postraron reverentes para bendecirle y  agradecerle  un  don  tan  singular  y  de  una  dicha  tan  extraordinaria, levantando  sus  pensamientos  y  afectos  a  consideraciones celestiales, creyéndose favorecidos por una aspiración sobrenatural;  porque todo lo que veían y sentían no era, en ese paraje de tan inaccesible roca, y tan lejos de todo caserío, previsión de manos humanas. Repitieron con fervor  sus  oraciones  de  agradecimiento  y  solicitando  luz  y  gracia  del Cielo para resolver lo que  deberían hacer y determinaron averiguar el origen de ese santuario y de la Imagen, y de las piadosas personas o comunidad que cuidaban tan prodigiosamente de este culto, y aunque les  parecía  imposible  que  tanta  magnificencia  fuera  obra  de  los hombres en lugar tan retirado e inaccesible, sin embargo, la prudencia y  la  piedad  les  aconsejaban  hacer  primero  cuidadosas  inquisiciones sobre el caso; y andando por los caseríos menos retirados de  la cueva, que  estaban  más  de  tres  leguas  de  distancia,  no  hallaron  quien  les diera la más leve noticia de la Imagen, aun cuando entre las personas a quienes  preguntaron  habían  ancianos  de  ochenta  y  de  cien  años, quienes  jamás  habían  oído  hablar  de  la  existencia  y  culto  de  imagen alguna  en  esos  solicitados  peñascos  ni  en  otro  lugar  vecino  a  la comarca. Pondera,  ahora,  alma  mía,  el  estupor  y  santo  gozo  de  los Hermanos, dueños ya de un hallazgo extraordinario; cómo se postraron  de  nuevo  ante  la  Santa  Imagen,  le  dieron  efusivas  gracias,  con ósculos  y  abrazos  de  entusiasmos,  eligiéndola  por  especial  patrona  y medianera con el título muy significativo de la Madre del Buen Suceso. Arranca de tu corazón sanos afectos de gratitud piadosa, derrama tus sentimientos  de admiración por un prodigio tan señalado en favor de esos dos Santos Hermanos. Únete a ellos en las caricias a María, ámala y  obséquiala  con  resoluciones generosas, porque tú también  la  has encontrado  misericordiosamente  en  el  camino  peligroso  de  la  vida entre el horror de la tempestad de las pasiones.

Oración.
¡Oh Dios de infinita caridad! que nos habéis dado en vuestra Madre una prenda preciosa de consuelo, hallándola en el camino de azarosa vida para tenerla como escudo de defensa en las persecuciones y peligros,  como  Madre  del  Buen  Suceso;  para  que  siendo  agradecidos  a vuestra  bondad,  os  correspondamos  con  virtudes  y  con  una  tierna  y constante  devoción  a  María  Santísima;  para  que  por  su  intercesión merezcamos hallar el Cielo. Amén. 


DÍA QUINTO

Considera  como  ya  convencidos  los  santos  viajeros  de  que  su precioso  hallazgo  les  pertenecía,  encerraron  a  la  hermosa  Imagen  en una cestilla, y con tan amable y poderosa compañía continuaron fácil y alegremente  el  viaje  hasta  Roma;  en  donde  recibidos  benignamente por  el  Santo  Padre  Pablo  V,  varón  castísimo  y  piadoso,  fueron agasajados  por  él,  quien  informado  del  hallazgo  de  la  imagen  de  la Virgen  y  viéndola  tan  preciosa  y  radiante  de sobrenatural  aspecto, postró se  ante  Ella,  colgó  su  precioso  pectoral  de  oro  y esmalte  en  el cuello  de  la  estatua,  concediendo  gracias  e  indulgencias  a  todos  los que  la  venerasen,  y  encargando  a  los  religiosos  afortunados  que  la habían  encontrado  de  manera  tan  prodigiosa,  que  la  honrasen  con devoción  y  celo  propagando  su  culto  en  todas  partes.  A  todo  esto  y aun con el nombre de Nuestra Señora del Buen Suceso, que le dio el Papa,  sin  saberlo,  vieron  todos  especiales  muestras  de  ser  este hallazgo  sobrenatural;  difundiéndose  este  don  prodigioso  en inagotable  fuente  de  gracias  y  portentos,  que  experimentó  la  ciudad de  Valencia  a  donde  le trajeron  los  religiosos Mínimos, trasladándola después con solemne pompa al suntuoso templo de Madrid, capital de España,  en  donde  siguió  siendo  portentosísima  la  venerada  Imagen, extendiéndose su culto y su valimiento por toda Europa y aun hasta las más lejanas regiones de nuestra América. Anímate, alma mía, en presencia de María, que te sale al encuentro en  los  más  duros trances  de  la  vida  y te  muestra  su  rostro  risueño  y encantador para consolarte. Mira, al Padre de los fieles postrado en su presencia,  ofrendándote  sus  mejores  preseas  y  encargándote  que  le seas devota y confiad en el valimiento de María. Alégrate del estado en que  te  ha  puesto  Dios,  junto  a  María  que  te  sirve  de  compañía  y  de protectora. Alábale, bendícele y obséquiale también   el pectoral de tu amor,  colocando  a  sus  pies  tu  pasión  dominante;  ofreciéndole  el trabajar  con  empeño  y  constancia  en  vencerte  para  obtener  los singulares  favores  que  tantas  personas  piadosas  han  conseguido  de esta Santa Imagen del Buen Suceso.

Oración.

¡Oh  Dios  soberano!  que  habéis  deparado  en  vuestro  Supremo Consejo darnos de compañera en nuestra peregrinación a la Santísima Virgen del Buen Suceso que nos sirva de guía, de guarda y protectora en los conflictos, y que en Ella vayamos llenos de confianza y facilidad en  el  viaje  hacia  la  morada  de  nuestro  Padre  Eterno,  en  donde recibiremos todo lo que pedimos. Concédenos un corazón abrasado en amor  a  la  Virgen  Santísima  del  Buen  Suceso  para  ofrecérselo  a  esta Divina  Madre,  con  don  de  gratitud,  un  amor  firme  y  constante  y  el vencimiento  de  nuestras  pasiones,  por  los  inmensos  beneficios  que hemos  recibido  de  sus  manos  compasivas  y  para  tenerla  siempre propicia  en  la  vida,  y  después  dulce  amparo  en  la  muerte,  para merecer la salvación eterna. Amén.  



DÍA SEXTO

Considera como  la  ciudad de Quito, y su más antiguo Monasterio, el de  Conceptas,  experimentó  también  el  favor  más  especial  de  la gloriosa Madre del Buen Suceso, apareciéndose prodigiosamente a la Madre  Mariana  de  Jesús  Torres,  española,  una  de  las  fundadoras  de este Monasterio y estando ella en ese entonces de Abadesa, el año de mil seiscientos diez; esto es, a los treinta y tres años de fundado este Monasterio. La afortunada y piadosa religiosa que con tierna devoción oraba sola, y derramaba su corazón implorando el socorro de María en la advocación del Buen Suceso, por las necesidades de su alma, de sus hermanas de clausura y toda la sociedad,  estaba absorta en el fervor de su plegaria dirigida con tan profunda fe y confianza, con  tan vivos deseos de ver e interesar a María en sus peticiones, que alzaba los ojos anhelantes  al  Cielo,  como  llamando  a  su  Madre  para  que  venga  a socorrerla  y  concederle  cuánto  le  pedía  humildemente  y  con  sincero interés del bien de su convento, y de toda la Iglesia  Católica.Y  he  aquí  que  una  refulgente  luz  inunda  el  templo,  y  la  buena monja se queda estática y admirada de tanto resplandor, ocupando su mente un estupor repentino y su corazón un gozo inexplicable. Crece su fe y se aumenta su devoción mientras la  luz va difundiéndose ante sus miradas atónitas y deslumbradas por una claridad nunca vista. Un gozo  singular  embarga  su  corazón  sorprendido  por  el  suave  calor  de afectos  sobrehumanos,  redobla  sus  plegarias  en  éxtasis  de  confianza ilimitada. Ahí dichosa alma, que dejando la mezquina tierra, mira al Cielo con los ojos de una fe vivísima y penetrante; abre con ella un conducto  a la luz  de  divinas  claridades  y  se  inunda  en  los  resplandores  de  la  divinidad... “El justo vive de la fe,” el justo hace su Cielo el mezquino suelo atrayendo  con  la  fe  las  luces  que  no  despiden  ninguno  de  los  astros matinales. Avivemos, alma mía, la fe en los misterios revelados; veamos con ojos de inteligencia ilustrada por las verdades religiosas todos los actos de nuestra vida,  abstrayendo todo pensamiento de los rastreros usos de  la  vida  material  y  fijando  con  esfuerzos  de  fe,  nuestro entendimiento  en  el  gobierno  de  la  Providencia  Divina  que  dirige nuestros corazones. Y principalmente en la oración dejemos la tierra, y trasladémonos con  el  pensamiento  a  lo  más  alto  del  Cielo,  en  donde Dios  Omnipotente  y  María  Hija,  Madre  y  Esposa  moran,  esperan nuestra  humilde  actitud  de  peregrinos  que  postrados  a  sus  pies, imploramos las gracias que necesitamos.


Oración.

¡Oh  luz  inaccesible  de  verdad  sobrenatural!  que  ilumináis  con vuestros  resplandores  celestiales  nuestra  senda  que  nos  lleva  a  Vos teniendo  por  guía  y  protección  a  vuestra  predilecta  criatura  María Santísima,  ilustrad  nuestras  inteligencias  con  esa  luz  de  la  Fe  viva  y firme con que la Madre del Buen Suceso resplandeció a los ojos de la afortunada  religiosa  de  este  Monasterio,  haciéndola  contemplar absorta las  bellezas de la gloriosa Virgen,  para que ansiosas de gozar de los bienes sobrenaturales no ambicionemos otra cosa en tierra que la  protección  de  María  Santísima  y  una  constante  y  segura  fe  en  los misterios revelados, que nos hagan vivir contemplando los fulgores de nuestra  dicha  futura  y  anhelando  gozar  de  vuestra  vista  y  de  la  de María Santísima por toda la eternidad. Amén.



DÍA SÉPTIMO

Considera como la afortunada religiosa, en el fervor de su plegaria e ilustrada por esa vivísima luz en que se vio inundada, fijó sus ojos en el foco de esos resplandores, encontrando ante sí una bellísima Señora de extraordinaria hermosura y suavidad en el semblante, que risueña y amable despedía de sí resplandecientes fulgores, teniendo en su brazo izquierdo un Niño que lucía también como el lucero matutino, lleno de Gracia y simpatía, de dulzura y de candoroso afecto en su semblante. Hermoso  cetro de  reluciente  oro  y pedrería, empuñaba con su mano derecha la preciosa visión, y ceñía sus sienes con magnífica corona de deslumbrantes brillos. Llevaba también su traje en todo semejante al de  la  Imagen  de  María  del  Buen  Suceso,  cuyo  prodigioso  hallazgo hemos considerado en los días anteriores, y a quien se encomendaba entonces la piadosa Concepta que obtuvo el favor de esta visión. Absorta  se  quedó  la  buena  religiosa  y  confundida  al  verse  así visitada  por  su  Madre  Celestial,  se  enardeció  su  alma  en  gratitud  sin límites y se inundó su corazón en santos afectos y entre sus coloquios exuberantes  de  viva  Fe  y  valiente  amor  y  confianza,  le  preguntó: “Quién sois, y qué queréis?”... Y ¡Oh prodigio de bondad!... Con suave y dulce voz le  contestó la visión: “Soy María del Buen Suceso a quien con tan tierno afecto has invocado. Tu oración me ha sido muy grata, tu fe me ha traído, tu amor me ha invitado a visitarte.”Pondera,  alma  mía,  el  singular  privilegio  de  esta  afortunada religiosa,  que  mereció  por  su  fe,  su  atención  y  fervor  en  la  oración, atraer a María Santísima a su presencia y contemplarla tan bella, tan pura  y  tan  hermosa,  solazarse  con  sus  resplandores,  gozar  de  sus cariños  y  escuchar  su  amabilísima  voz.  ¡Ah,  dichosa  criatura!,  ¡cuán enamorada  quedarías  de  tu  Madre  Celestial!,  ¡cuán  vehemente  sería tu  inclinación  a  obsequiarla  y  bendecirla!,  ¡cuánto  la  querrías  en adelante!... ¡Cómo sería tu oración continua, atenta y devotísima!...Aliéntanos también a nosotros la bondad de María para invocarla con  penetrante  fe  en  su  advocación  del  Buen  Suceso,  para  orar siempre con atención y confianza, considerando que sólo la fe viva y el cuidado  en  fervorizar  nuestro  corazón  con  vigilante  atención  y piadosos afectos, han de merecernos ser escuchados y favorecidos por la  Virgen  Santísima,  sino  con  visiones  privilegiadas,  a  lo  menos  con otros dones de gracia y de triunfo sobre nuestras pasiones y sobre los enemigos de la religión.

Oración.

¡O  Dios  bondadoso  y  padre  amante  de  vuestras  almas  escogidas! que  os  dignáis  premiar  su  fe  y  anhelantes  afectos  de  piedad,  con  las visitas  de  María  Santísima,  llenándolas  de  fervor  y  de  piedad  que  les conduce  a  la  santidad;  oíd  también  nuestros  ruegos  para  que  la presencia  de  esta  Imagen  aparecida  del  Buen  Suceso,  ilumine  más  y más  nuestra  fe  y  nos  aliente  en  la  confianza  de  ser  escuchados benignamente por  Ella, y concedednos más  y más  fe  en  su  poderoso patrocinio, más confianza de alcanzar lo que pedimos y más fervor en nuestras  oraciones,  para  que  apoyadas  en  el  valimiento  de  esta nuestra poderosa Patrona consigamos librarnos de los peligros que nos amenazan, serviros con más empeño y conseguir la dicha de estar en vuestra compañía y la de María Santísima en el Cielo. Amén.



DÍA OCTAVO

Considera  que  la  Santísima  Virgen  al  hacer  su  aparición  a  una religiosa, no era para favorecerla a ella sola con una gracia singular y transitoria,  porque  los  dones  especiales  de  Dios  que  no  se  prodigan sino  con  providenciales  planes  de  fomentar  la  piedad,  excitar  el progreso  moral  y  la  disciplina  religiosa  en  la  generalidad  de  los miembros de una Comunidad, de un pueblo o de toda la Iglesia. Y  por esto,  María Santísima del Buen Suceso en la aparición a esta religiosa le dijo  que era  “Voluntad de Dios que se mandara trabajar una estatua que  representara  a  la  aparición  en  todos  sus  detalles  para  que  fuera colocada en el coro donde oran todas las religiosas y sobre el respaldo de  la  silla  de  la Abadesa,  a  fin  de  que  considerasen  a  la  memorable Imagen  de  un  prodigio  singular,  como  la  principal  Prelada;”  y  fuera estímulo de agradecimiento perpetuo, de atención especial en el rezo, de  perfección  en  la  obediencia,  de  firmeza  en  la  fe,  de  confiada  esperanza y de ardoroso amor a María Santísima que así se ofrecía a vivir gobernando ese Monasterio. ¡Ah  si  tuviéramos  una  fe  viva!  ¡Con  cuánta  veneración  y  respeto estaríamos  delante  de  esa  Imagen!  ¡Cómo  recordáramos  de  su bondadosísima  aparición  de  sus promesas y favores!  ¡Cuán  confiadas no  serían  nuestras  súplicas,  cuán  atentos  nuestros  rezos,  cuán ferviente nuestra oración,  cuán  espontánea  nuestra  obediencia,  cuán regular nuestra observancia de los Mandamientos y de los deberes de nuestro estado! Aviva, alma mía tu fe y si no la tienes tanta, pídele a Dios y a María del  Buen  Suceso,  para  que  aprovechando  el  don  especial  y  privilegio singular  hecho  a  este  Monasterio  no  nos  hagamos  responsables  de desperdicio  y  menosprecio  de  las  gracias  con  que  la  Providencia  ha querido  fomentar  nuestra  piedad  y  ejercitar  nuestras  virtudes  de  fe, confianza,  caridad,  obediencia  y  observancia  de  todas  nuestras obligaciones.

Oración.

¡Oh  Dios!  amante  cuidadoso  de  las  Comunidades  piadosas  que  a Vos se congregan y que con prodigios especiales vigiláis por su regular observancia y ostentáis vuestra poderosa providencia en portentos  de marcada  protección,  oye  ahora  nuestros  ruegos  acude  a  nuestros clamores, enciende vivísima la luz de nuestra fe en vuestra protección poderosa,  para  no  temer  a  nuestros  enemigos;  porque  si  Vos  nos amparáis, nadie nos hará daño; y dadnos en María Santísima del Buen Suceso una confianza ilimitada y la gracia de que en la obediencia y en el  cumplimiento  de  nuestra  regla,  para  no  despreciar  un  don  tan singular magnífico de prelada tan Santa y de protectora  tan poderosa, a  fin  de  que  seamos  siempre  súbditas  agradecidas  y  sumisas, respetuosas y observantes; y así podamos un día cantar con gloria sus favores y sus alabanzas en el Cielo en presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo que privilegiaron a María como Hija, Madre y Esposa de  la  Santísima  Trinidad,  Dios  uno  que  vives  y  reinas  por  toda  la eternidad. Amén.  


DÍA NOVENO

Considera  cómo  la  tímida  religiosa  al  oír  el  mandato  de  María Santísima, de que se mandara hacer una estatua del tamaño y  figura de  la  aparición,  se  excusó  diciendo  que  sería  imposible  que  ningún escultor reprodujera tan rara belleza ni fijara con precisión la estatura y demás proporciones de la obra. Y la hermosa visión, con más amable condescendencia, le contestó:  “No temas  por ello; trae acá el cordón con que te ciñes y mide la altura.”  Y como por natural cobardía no se atreviese la Religiosa a tocar con sus manos a María, Ella cogió el un extremo  de  la  cuerda  y lo  puso  a  la  altura  de  su  cabeza,  mientras  la dichosa monjita  aplicaba a los pies la medida exacta de la maravillosa visión.  “He ahí, le dijo, la altura de la estatua que mandarás hacer; y las demás proporciones resultarán de la misma.  Coloca esta estatua en el lugar indicado con un báculo y las llaves de la clausura en mi mano derecha, porque quiero ser Abogada y Protectora de este Monasterio.”Dicho lo cual desapareció la visión. Penetra  ahora  en  el  corazón  de  la  Religiosa  que  acaba  de  recibir fervor  tan  señalado  y  misión  tan  grata  de  María  Santísima.  ¡Cómo quedaría agradecidísima, reconocida y llena de tantos afectos hacia la Virgen!  ¡Qué  recuerdos  tan  piadosos,  qué  propósitos  tan  firmes,  qué anhelos  tan  cordiales!...  ¡Ah!  Busca,  alma  mía,  en  tu  corazón  esos sentimientos, y procura deshacerlo en gratitud para  con la Abogada y Protectora  de  este  Monasterio,  y  venerar  su  Imagen  con  los  más tiernos agradecimientos  y vehementes deseos de  corresponder  a  tan singulares  beneficios  con  una  santa  vida,  obediente  y  observante  de los más mínimos conceptos de tus reglas.Pues la buena religiosa favorecida por la visión se apresuró mandar a trabajar la estatua con el más hábil escultor, y ahí está para perpetua memoria esa imagen hermosa, llena de dulzura y majestad, que se venera  en  el  coro  alto  de  este  monasterio,  a  cuyo  patrocinio  acuden siempre  las  religiosas  en  los  más  graves  conflictos.  Ella  ha  sido  el refugio  del  pueblo  en  sus  necesidades,  y  por  su  intercesión  se  ha obtenido señalados portentos y gracias especiales para la Comunidad. La  medida  está  dada  por  María  también  de  su  humildad,  de  su obediencia,  de  su  amor  de  Dios  y  del  prójimo:  imítala,  y  esculpirás también  tú  una  imagen  de  la  Virgen  Santísima  en  tu  corazón. Apresúrate  como  aquella  religiosa  a  trabajar  la  imagen  moral  de  tu Madre Virgen en tus costumbres y en tus afectos, en tu porte y en tu trato; en tu fidelidad a la regla y en tu oración, en tu mansedumbre y en  tu  candor,  en  tu  pureza,  en  tu  desprendimiento  de  los  bienes terrenos, aspirando sólo a los bienes celestiales.



Oración.

¡Oh Dios!  Padre cuidadoso de tus criaturas que de todas maneras muestras  esa  Providencia  de  gobierno  paternal  y  cariñoso  para  con nosotros, dándonos principalmente a María Santísima como Abogada, Protectora y ejemplar modelo de virtud; infunde a nuestros corazones un constante anhelo de imitar a esa nuestra Madre Reina, tomando en nuestros pensamientos, deseos y acciones a la medida de los de María Santísima para asemejarlos a Ella en lo que permita nuestra naturaleza frágil  y  auxílianos  con  tu  Divina  Gracia  para  vencernos  en  nuestras pasiones y alcanzar los altos merecimientos de nuestra Madre en favor de  sus  hijas  que  le  imploran  con  tierna  gratitud  en  sus  necesidades apremiantes  a  fin  de  que  teniéndola  siempre  por  Abogada,  la hallaremos también propicia en el último trance de la vida, y logremos de su compañía en el Cielo. Amén.