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sábado, 19 de mayo de 2018

EL SANTO ABANDONO. DOM VITAL LEHODEY




La adversidad nos abre un camino más seguro. Dios, que es amigo constante y solícito, nos quita la prosperidad que nos perjudicaría, emplea la espada de la adversidad para cortar los afectos rivales de su santo amor; unas veces por la privación, otras por el sufrimiento nos aparta más pronto y seguramente del placer, arranca nuestro espíritu y corazón de esta tierra y los atrae hacia las riberas eternas. Es la mejor escuela del desasimiento, y también un purgatorio anticipado menos terrible que el de la otra vida, eficacísimo, sin embargo; porque Dios no castigará dos veces la misma falta. Después de habernos purificado en el horno del sufrimiento, como el oro en el crisol, nos hallará dignos de sí y nos recibirá como víctimas de holocausto.
La adversidad es una mina de oro de donde se pueden sacar las más sublimes virtudes y méritos inagotables. El P. Jerónimo Natalis preguntaba un día a San Ignacio: «¿Cuál es el camino más corto y más seguro para llegar a la perfección y al cielo?» El santo le respondió: «Sufrir muchas adversidades grandes por amor de Jesucristo.» Una gran adversidad nos lleva al cielo, pero muchas nos llevan a él más pronto y más lejos; porque, para los hombres de fe, según el P. Baltasar Álvarez, «los sufrimientos son como caballos de posta que Dios envía para atraerlos más prontamente a sí, o como una escala que les ofrece para elevarse a virtudes más eminentes... Considérese el dolor de un propietario cuando una terrible granizada viene a destruir su viña, pero si los granizos fueran de oro, ¿sería razonable su aflicción? Pues oro son los desprecios y demás aflicciones que caen como granizo sobre un alma que en verdad es paciente. Lo que gana vale infinitamente más que lo que pierde. El cielo es el reino de los tentados, de los afligidos, de los despreciados».
La adversidad es el camino más corto para la santidad.
Según Santa Catalina de Génova las injurias, los desprecios, las enfermedades, la pobreza, las tentaciones y todas las demás contrariedades nos son indispensables para sujetar por completo nuestras torcidas inclinaciones, y el desarreglo de nuestras pasiones; es el medio de que el Señor se vale para disponemos a la unión divina, y según San Ignacio, «no hay madera más a propósito para producir y conservar el amor de Dios que la madera de la cruz». San Alfonso añade: « La ciencia de los Santos consiste en sufrir constantemente por Jesucristo, y éste es el medio de santificarse pronto». Los favores con que el Señor ha beneficiado a sus amigos, los hechos extraordinarios que les han dado celebridad, son quizá lo que más impresiona en su vida, pero sin motivo alguno. Lo que sí debiéramos señalar son las debilidades, las sequedades, las desolaciones, las persecuciones de todo género que Dios les ha prodigado, y su inalterable paciencia en este dilatado martirio, pues por este medio han llegado a ser santos. Como amantes generosos del divino Maestro, han deseado ser como El pobres, sufridos, despreciados. Dios Padre los ha crucificado con su Hijo tiernamente amado, y los más amantes han sido los más probados, siendo hacia el fin de su vida, época de su más elevada perfección, cuando de ordinario más han sufrido. «Porque eran agradables a Dios, fue necesario que la tentación los probara». La tribulación ha sido, por decirlo así, la recompensa de sus trabajos pasados a la vez que la consumación de su santidad.
Nadie hay que no haya vivido sobre la cruz, ni uno que no se haya alegrado de sufrir en ella con su adorado Maestro.
Todos, como Nuestro Padre San Benito, han preferido «padecer los desprecios del mundo a recibir sus alabanzas, y a agotarse con trabajos más bien que ser colmados de los favores del siglo». El bienaventurado Susón, cuando por excepción disfrutaba una tregua en sus continuas pruebas, lamentábase ante las religiosas, sus hijas espirituales: «Temo mucho ir por mal camino, porque hace ya cuatro semanas que no he recibido ataques de nadie; tengo miedo de si Dios no pensará ya en mí». Apenas acababa de hablar cuando se le viene a anunciar que personas poderosas han jurado su perdición. A esta noticia no pudo menos que experimentar inmediatamente un movimiento de terror. «Desearía saber por qué he merecido la muerte. - Es por las conversiones que obráis. - ¡Entonces! ¡Sea Dios bendito! » Vuelve lleno de gozo a la reja: «Animo, hermanas mías, que Dios ha pensado en mí y aún no me ha olvidado». Nosotros decimos en nuestras pruebas: Basta, Dios mío, basta. La venerable María Magdalena Postel, por el contrario, repetía sin cesar: «Aún más, Señor, aún más; ven, cruz, que te abrazo. ¡Dios mío, bendito seáis! Vos no nos humilláis sino para elevarnos más».
En una circunstancia muy penosa, Santa Teresa del Niño Jesús escribía a su hermana: « ¡Cuánto nos ama Jesús, pues que nos envía dolor tan grande! La eternidad no será bastante larga para bendecirlo por ello. Nos colma de sus favores como colmaba a los grandes Santos... El sufrimiento y la humillación son el único camino que forma los Santos. Nuestra prueba es una ruina de oro que es preciso explotar. Ofrezcamos nuestro sufrimiento a Jesús para salvar las almas» De todo esto concluyamos con San Alfonso: «Algunas personas se imaginan que son amadas de Dios, cuando prosperan en todo y no tienen nada que sufrir. Pero se engañan, porque Dios prueba la fidelidad de sus servidores, y separa la paja del grano por la adversidad y no por la prosperidad: el que en las penas se humilla y se resigna con la voluntad de Dios, es el grano destinado al Paraíso, y el que se enorgullece, se impacienta, y por fin abandona a Dios, es la paja destinada al infierno. El que lleva su cruz con paciencia, se salva; el que la lleva con impaciencia, se pierde». Dos fueron los crucificados a cada lado de Jesús, y la misma pena hizo, del uno, un santo y, del otro, un réprobo.
¡Ojalá que tomáramos nuestras cruces, no sólo con paciencia y resignación, sino aun con amor y confianza filial! Dos cosas nos ayudarán especialmente a conseguirlo: el espíritu de fe y la humildad. Por poco que se escuche a la naturaleza, retrocederá siempre ante la adversidad; mas impóngasele silencio para no considerar sino a Dios, y pronto diremos con el Rey Profeta: «Me he callado, Señor, y no he abierto mi boca, porque sois Vos quien lo ha hecho todo». El orgulloso cree con facilidad que no se le hace justicia, y los caminos de Dios, cuando son dolorosos, le espantan y desconciertan. El humilde, por el contrario, penetrado por un vivo sentimiento de sus miserias y de sus faltas, bendecirá a Dios hasta en sus rigores: «Adoro, Señor, la equidad de vuestros juicios y hasta me hacéis gracia y yo alabo vuestras misericordias, pues estáis lejos de castigarme tanto como he merecido. Y además, me es necesario el remedio del sufrimiento, y las penas que me enviáis son precisamente las que mejor responden a mis necesidades».

Artículo 2º.- Calamidades públicas y privadas

Debemos conformarnos con la voluntad de Dios en las calamidades públicas, tales como la guerra, la peste, el hambre, y todos los azotes de la divina Justicia. Otro tanto es preciso hacer cuando la desgracia viene a caer sobre nosotros personalmente o sobre los nuestros. El gran secreto para conseguirlo, es mirar todas las cosas con los ojos de la Fe, adorar los juicios del Altísimo con corazón contrito y humillado, y sean cualesquiera los azotes que nos hieran, persuadirnos bien de que la Providencia, infinitamente sabia y paternal, no se determinaría a enviarlos ni a permitirlos, si no fueran en sus manos los instrumentos de renovación y de salvación para los pueblos o para las almas. «Así es como ella conduce al cielo por el camino del sufrimiento a una multitud de personas que se perderían siguiendo otra dirección. ¡Cuántos pecadores, llamados a Dios por el duro camino de la aflicción, renuncian a sus antiguas iniquidades y mueren en los sentimientos de un verdadero arrepentimiento! ¡Cuántos cristianos ocuparán un día un puesto glorioso en el cielo, que sin esta saludable prueba, hubieran gemido eternamente en las llamas del infierno! Lo que nosotros llamamos calamidad y castigo es frecuentemente una gracia de primer orden, una prueba brillante de misericordia. Acostumbrémonos a no considerar las cosas sino desde estos magníficos puntos de vista de la Fe, y nada de lo que sucede en este mundo nos escandalizará, nada alterará la paz de nuestra alma y su confiada sumisión a la Providencia. Más entremos en algunos
pormenores, comenzando por las desgracias públicas.
I. Es fácil ver la mano de la Providencia en la peste, el hambre, las inundaciones, la tempestad y demás calamidades de este género, porque los elementos insensibles obedecen a su autoridad sin resistirla jamás. Pero, ¿cómo verla en la persecución con su malignidad satánica, o en la guerra con sus furores? Y allí está, sin embargo, como dejamos ya dicho.


viernes, 18 de mayo de 2018

LA CIUDAD DE DIOS Y LA CAIDA DEL IMPERIO ROMANO. SAN AGUSTIN




Creo necesario, antes de continuar con la obra de San Agustin, dar una introducción sobre la misma a fin de entender con mas precisión lo que el autor sagrado nos quizo comunicar con esta obra tan selecta y tan actual como lo es LA CIUDAD DE DIOS, lamento no haberlo hecho desde el princio y sepan disculpar esta falta de tacto.
Introducción de Francisco Montes de Oca
INTRODUCCIÓN
Del mismo modo que un cuerpo humano minado por la vejez llama a las enfermedades, así el Imperio Romano, a fines del siglo IV, llamaba a su seno a los Bárbaros.
Y vinieron, en efecto: y llegaron, no sólo como estaban todos habituados a verlos antaño, es decir, como soldados más o menos encuadrados, sino por tribus enteras, con mujeres y niños, con carromatos, carretas de bagajes, caballerías de reserva, animales y rebaños. El término exacto para designar aquel fenómeno, mucho más que la palabra española invasión, que hace pensar, sobre todo, en la entrada de un ejército en un país, sería el alemán Völkerwanderung, migración de pueblos. Lo que el universo mediterráneo había conocido más de mil años antes de nuestra Era, cuando los invasores arios, griegos y latinos, habían asaltado los viejos imperios, volvió a reproducirse a partir de fines del siglo IV.
Uno de los episodios que mayor trascendencia tuvo y que más conmoción causó en el seno del Imperio fue el saqueo de Roma por las tropas de Alarico en el año 410. Acontecimiento terrible, que depositó un dejo de tristeza aun en los espíritus más firmes, aunque no fue totalmente inesperado.
El propio San Agustín se sintió profundamente conmovido. Llevaba en el corazón el destino del Imperio, por lo ligado que lo creía al destino de la Iglesia. Dos años antes había sabido con gran consternación, por una carta del presbítero Victoriano, cómo los vándalos habían invadido la infortunada España y cómo habían incendiado sistemáticamente todas las basílicas y asesinado, casi sin excepción, a cuantos siervos de Dios pudieron capturar. Y a comienzos del 409, cuando los visigodos amenazaron por vez primera la Ciudad eterna, reprendía Agustín a una matrona allí residente, porque, habiéndole escrito tres veces, nada le contaba sobre la situación de Roma: "Tu última carta no me dice nada sobre vuestras tribulaciones. Y querría saber qué hay de cierto en un confuso rumor llegado hasta mí acerca de una amenaza a la Ciudad" El temor del obispo de Hipona se convertiría en desoladora realidad en menos de dos años. Roma, la inexpugnable Roma, fue conquistada por Alarico y entregada al saqueo; la Ciudad eterna tuvo que confesarse mortal. La fecha del 24 de agosto de 410 sonó en los oídos romanos como la campana de la agonía. Durante cuatro días consecutivos se desencadenó allí un frenesí de crímenes y de violencias, en una atmósfera de pánico.
Pocos días después llegaba al África la terrible nueva: ¡Roma acababa de ser saqueada por los bárbaros! La vieja capital, inviolada desde los lejanos tiempos de la invasión gala, había sido forzada por las bandas de un godo y gemía todavía bajo el peso de sus ultrajes. Y tras la nueva, fueron llegando algunos de los que lograron escapar a la catástrofe. Veíase desembarcar, en atuendo mísero y con la mirada turbada, a aristócratas fugitivos portadores de los más ilustres apellidos romanos. Se escuchaban sus relatos acerca de los actos de terror en la ciudad, los palacios incendiados, los jardines de Salustio en llamas, la casa de los ricos, la sangre que manchaba los mármoles de los foros, los carros de los bárbaros atestados de objetos preciosos robados y maltrechos. Familias enteras habían quedado aniquiladas, habían sido asesinados senadores, violadas vírgenes consagradas a Dios, y la anciana Marcela había sido abandonada por muerta en su palacio del Ayentino, por no haber podido mostrar a los bárbaros asaltantes ningún escondrijo de oro y haberles rogado solamente que respetaran el honor de su joven compañera Principia. Se los oía con horror y se repetían por doquiera sus relatos, mientras ellos, los últimos romanos, se daban prisa en abandonar la minúscula ciudad portuaria y marchaban a Cartago, donde inmediatamente ocupaban otra vez localidades en el teatro, y donde, con la presencia de los fugitivos romanos, la locura y barahúnda eran mayores que antes.
Pero la impresión de la caída de Roma no podía borrarse fácilmente. El mundo parecía decapitado. "¡Cómo han caído las torres!", leían los ascetas en Jeremías y pensaban en la torre de la muralla aureliana. "¡Qué solitaria está la ciudad, antes populosa!", pensaban las gentes pías, cuando oían hablar del espantoso vacío que siguiera al saqueo, de cómo aullaban los canes en los palacios desiertos, de cómo salían los supervivientes, agotados por el hambre, después de cinco días de forzada abstinencia, de las basílicas, y se daban la mano para sostenerse en pie por las calles cubiertas de cadáveres, mientras chirriaban, camino del sur, por la Vía Apia, los carros cargados de oro y plata y de jóvenes y muchachas cautivas.
Es cierto que Alarico y sus soldados no permanecieron más que tres días en la Ciudad eterna, después de haberla saqueado a ciencia y conciencia; es cierto que se instituyó una fiesta conmemorativa para celebrar el aniversario de su liberación. Con todo la caída de la capital tuvo una resonancia inmensa y durable por todo el Imperio. Puede resultarnos hoy a nosotros un tanto difícil de comprender: contemplada de lejos, la entrada de los bárbaros en la Ciudad eterna quizá no nos parezca más que un incidente banal. La administración del Imperio, y el emperador Honorio mismo, hacía varios años que ya no residían ahí. Retirados a Ravena, fortalecidos detrás de una fuerte cintura de lagunas, se hallaban a buen recaudo desde el 404, y dispuestos a proseguir, sin sentirse inquietados seriamente, aquellas bajas intrigas que constituían lo esencial de sus preocupaciones cotidianas. Por lo demás, al cabo de pocos años los mismos contemporáneos se dieron cuenta de que nada había cambiado en sus costumbres, de que el Imperio sobrevivía a todas las catástrofes y de que no había lugar para inquietarse por un desastre tan rápidamente reparado.
Pero de momento no fue así. Tremendamente sacudidos en sus ánimos paganos y cristianos pusiéronse por una vez de acuerdo para plañir juntos las calamidades que les afectaban igualmente. Hacía largo tiempo que venían, atribuyendo los primeros todas las desventuras de Roma al hecho de que los cristianos hubiesen abandonado a sus antiguos dioses. Pero también estos empezaron a repetir con otras palabras y en diferente sentido la misma cantinela: ¿"Dónde están ahora las memoriae de los apóstoles?", oía decir el obispo a sus gentes. "¿De qué le ha valido a Roma poseer a Pedro y a Pablo? Antes estaba en pie la ciudad, ahora ha caído". Los que así murmuraban eran cristianos y no podía replicarles el prelado de Hipona, como a los no cristianos, que un pagano como Radagaiso, que ofrecía puntualmente cada día sacrificios a los dioses, fue vencido, y Alarico, que era cristiano, fue vencedor. Difícilmente podía alegar esto ante cristianos descontentos. ¿No era Alarico arriano? ¿Y tenía que caer la Ciudad eterna precisamente ahora cuando estaba ceñida por una corona de sepulcros de mártires?
El viejo pecado bíblico de la murmuración volvía a levantar cabeza entre aquellos fieles, presa del abatimiento, y no era permitido al pastor permanecer callado. Cuando, súbitamente y casi sin lucha, sucumbió la Ciudad, recibió Agustín las primeras noticias, en una casa de campo en que, por prescripción médica, tenía que descansar un verano enteró. Inmediatamente mandó una carta a Hipona, exhortando al pueblo y clero á cooperar en vez de lamentarse, a acoger y vestir a los fugitivos que afluían, y a hacerlo mejor de lo que lo hicieran antes. Y a las diversas quejas de los murmuradores les va a salir al paso con argumentos exclusivamente cristianos, que dominan diferentes sermones de los años 410 y 411.
La catástrofe de Roma es una intervención divina. Dios es un médico que corta la carne podrida de nuestra civilización. Este mundo es un horno en que la paja arde al fuego; el oro, en cambio, sale purificado y ennoblecido. Es una prensa que separa el aceite del deshecho sin valor; el deshecho es negro y tiene que desaguar por el canal. El canal se pone así más sucio, pero el aceite sale más puro. Los que murmuran son el deshecho; el que entra en sí y se convierte, es el aceite puro.
El día de San Pedro y San Pablo del año 411, diez meses después del saqueo, Agustín se dejó caer, como sin pretenderlo, en el tema del destino de la Ciudad y la lamentación que no enmudecía nunca. Y es su respuesta, que arranca de un pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos sobre la relatividad de todo sufrimiento terreno, un soberano ejemplo de improvisación en el púlpito: "Está escrito que los sufrimientos de este tiempo no pueden compararse con la gloria por venir que ha de revelarse en nosotros. Si es así, que nadie de vosotros piense hoy carnalmente. No es este el momento. El mundo ha sido sacudido, el hombre viejo despojado, la carne prensada: dad, por tanto, libre curso al espíritu. El cuerpo de Pedro está en Roma, dice la gente, el cuerpo de Pablo está en Roma, el cuerpo de Lorenzo está en Roma, los cuerpos de otros muchos mártires están en Roma, y, sin embargo, Roma está en la miseria, Roma está devastada, Roma está en la desolación; ha sido pisoteada e incendiada. ¿Dónde están ahora las memoriae de los apóstoles? ¿Qué dices, hombre? Lo que he dicho: ¡Cuánta calamidad no está pasando Roma! ¿Dónde están ahora las memorias de los apóstoles? Allí están, allí están ciertamente, pero no en ti. ¡Ojalá estuvieran en ti! Tu, quienquiera que. seas, que así te expresas y tan neciamente juzgas, quienquiera que tú seas, ¡ojalá estuvieran en ti las memorias de los apóstoles! ¡Ojalá te acordaras de ellos! Entonces verías si se les ha prometido dicha temporal o eterna. Porque si la memoria del apóstol es realmente viva en ti, oye lo que dice: La ligera carga de la tribulación temporal nos depara un peso grande sobre toda ponderación de gloria eterna; porque lo que vemos es temporal y lo que no vemos es eterno. En Pedro mismo fue temporal la carne y no quieres tú que sean temporales las piedras de Roma. Pedro reina con el Señor, el cuerpo del apóstol Pedro yace en alguna parte, y su recuerdo ha de despertar en ti el amor a lo eterno, para que no sigas pegado a la tierra, sino que, con el apóstol, pienses en el cielo. ¿Por qué estás, entonces, triste y lloras porque se han derrumbado piedras y maderos, y han muerto hombres mortales?... Lo que Cristo guarda, ¿se lo lleva acaso el godo? ¿Es que las memoriae de los apóstoles tenían que haberos preservado para siempre vuestros teatros de locos? ¿Es que murió y fue sepultado Pedro para que jamás caiga de los teatros una piedra?" No, Dios obra con justicia y quita a los niños malos las golosinas de las manos. Basta ya de pecar y murmurar. ¡Qué vergüenza que anden los cristianos lamentándose de que Roma ha ardido en época cristiana. Roma ha ardido ya tres, veces: bajo los galos, bajo Nerón y ahora con Alarico. ¿Qué sacamos de irritarnos? ¿Para qué rechinar de dientes contra Dios, porque arde lo que tiene costumbre de arder? Arde la Roma de Rómulo, ¿hay algo de extraño en ello? Todo el mundo creado por Dios arderá un día. ¡Pero es que la ciudad perece cuando en ella se ofrece el sacrificio cristiano? ¿Y por qué fue arrasada su madre Troya, cuando se ofrecían los sacrificios a los dioses? Lo sucedido ha sucedido porque el mundo tiene que meditar y, además, después de la predicación del Evangelio, es mucho más culpable que antes.
Por lo demás, aun cuando Agustín no creía en la eternidad del Imperio, le resultaba difícil imaginar un mundo sin él. El fin del uno era para él el fin del otro. No acertaba a divisar una edad media tras los bárbaros. En este sentido su pensamiento era doblemente escatológico. Pero, según su creencia, el Imperio había sido probado, que no cambiado; y, como esto había sucedido ya incontables veces, Roma tenía aún la posibilidad de levantarse de nuevo.
Claro que le preocupaban más las almas inmortales que los reveses exteriores del destino. Sus amonestaciones, a veces conmovedoras, contra una civilización que era la suya y que en realidad, había construido algo más que teatros, le eran inspiradas por esta superior solicitud. No se dirigían contra la ruina mayestática de una Roma agonizante, sino contra los enanos de poca fe y murmuradores que, en el desierto cristiano del siglo Y, echaban de menos tristemente la opulenta casa de la servidumbre, las ollas y cebollas del paganismo.


jueves, 17 de mayo de 2018

¿Irán e Israel han iniciado una nueva guerra? (una de dos)



El 8 de mayo de 2018, Donald Trump anunciaba, adelantándose a la fecha prevista, la salida de su país del acuerdo multilateral sobre el programa nuclear iraní, identificado inicialmente como 5+1 y más reciente como JCPOA. Por supuesto, eso implica que Estados Unidos ya no se atendrá a las cláusulas secretas bilaterales que había firmado con Teherán.

Aunque nadie conoce el contenido exacto de esas cláusulas, es evidente que tienen que ver con la repartición del Medio Oriente. Mientras estuvieron vigentes, las fuerzas de Estados Unidos coincidieron con las fuerzas iraníes en numerosos campos de batalla pero sin enfrentarse directamente. Esa etapa ha terminado.

Téhéran tenía dos opciones: atacar a los soldados estadounidenses o atacar Israel. El general Qassem Soleimani optó por el Golán sirio, ilegalmente ocupado por Israel.

En la madrugada del 10 de mayo de 2018, hacia las 00:30 horas, la Fuerza Al-Qods de los Guardianes de la Revolución –la élite militar iraní– disparó hacia el Golán ocupado una salva de misiles desde sus bases en Siria. Israel es el arsenal del Pentágono en el Medio Oriente (con las instalaciones 51, 53, 55 y 56). Optando por la escalada, el Estado hebreo respondió de manera desproporcionada, disparando cerca de 70 misiles contra objetivos iraníes en Siria y tratando de destruir la defensa antiaérea siria.

Oficialmente, la operación iraní era una respuesta al ataque israelí del 29 al 30 de abril contra varias bases de los Guardianes de la Revolución iraníes. En aquella ocasión, la defensa antiaérea siria, quedó paralizada al no disponer de los datos que podían proporcionarle los radares rusos. Esta vez, por el contrario, la defensa antiaérea siria destruyó numerosos misiles israelíes.

Misiles israelíes y contramisiles sirios se enfrentaron durante varias horas. Aunque la salva iraní, neutralizada por el sistema israelí Cúpula de Hierro, no había causado ningún daño a los israelíes, el ataque israelí provocó varias bajas entre los iraníes y en el sistema de defensa sirio.

Esto sucede precisamente después del viaje de Benyamin Netanyahu a Moscú. El primer ministro israelí fue hasta Moscú para decirle a sus interlocutores rusos que Israel no se dejaría atacar simultáneamente desde Gaza, el Líbano y Siria. Como ya expliqué en un artículo anterior, Rusia estima que esa posición israelí se justifica.

Damasco y Moscú se ven así ante un problema derivado de su alianza con Teherán. Están agradecidos a los Guardianes de la Revolución por haber salvado la República Árabe Siria al principio de la guerra, pero ahora se ven arrastrados a un conflicto que no les pertenece: Siria y Rusia reconocen a Israel como Estado, mientras que la República Islámica de Irán rechaza ese reconocimiento.

Paradójicamente, la Casa Blanca había previsto esta situación. Donald Trump, quien estima que la paz en el Medio Oriente sólo puede ser posible si cada cual acepta sus propias derrotas, considera a Irán como un peligro precisamente porque la República Islámica niega su reconocimiento al Estado de Israel. Si ha decidido trasladar la embajada de Estados Unidos a Jerusalén es para empujar a todos los actores a aceptar la existencia del Estado israelí como una realidad.

En la mañana del mismo día 10, en la Conferencia de Seguridad de Herzliya, el ministro moldavo-israelí de Defensa, Avigdor Liberman, se enorgullecía –con razón– de haber defendido su país y de haber causado bajas a sus adversarios. Se dio el lujo de recordar que Israel es un país pequeño cuyos dirigentes son recibidos regularmente tanto en el Kremlin como en la Casa Blanca. Y al hacerlo se felicitaba implícitamente por el actual giro de los acontecimientos, que obligará las fuerzas de Estados Unidos a quedarse en suelo sirio y a Rusia a aceptar eso.

Israel trata de presionar a Siria para que controle a las fuerzas iraníes en suelo sirio, exactamente como ha presionado a los gobiernos libaneses para que controlen al Hezbollah.

Sin embargo, esa estrategia no ha funcionado en Líbano, donde el Hezbollah es hoy la principal organización militar del país –mucho más poderosa que el ejército nacional– y es también la principal fuerza política –como acaba de quedar demostrado en las elecciones legislativas del 6 de mayo. Claro, Siria sigue un siendo un Estado en todo el sentido de la palabra, mientras que el Líbano sigue sin lograr serlo. Por otro lado, los iraníes no son parte de la población árabe pero el Hezbollah forma parte del pueblo libanés. Así que hay que tener cuidado con la comparación entre Siria y el Líbano.

Desde el punto de vista ruso, el despliegue de los Guardianes de la Revolución junto a las poblaciones chiitas en Yemen, Arabia Saudita, Irak, Siria y Líbano es más o menos comparable al de los soldados rusos que protegen a las poblaciones rusas que viven en Transnistria, Abjasia, Osetia y Ucrania. Pero la presencia de los Guardianes de la Revolución en Gaza –donde asesoran y dirigen la organización conocido como Yihad Islámica y una facción del Hamas– no puede justificarse de la misma manera, por no entrar a mencionar su infiltración en África y en Latinoamérica.

Por otro lado, si Moscú solicitara a Teherán la retirada de sus fuerzas presentes en Siria, tendría que tomar su lugar o permitir que Ankara instalara más tropas en suelo sirio. Una retirada iraní no se aplicaría sólo a los Guardianes de la Revolución sino a las milicias chiitas afganas e iraquíes vinculadas a ellos… y el Hezbollah se vería obligado a elegir entre Siria e Irán.

Para los sirios, la situación es incómoda. Nadie en Siria tiene intenciones de expulsar a estos valiosos aliados… pero tampoco es una opción permitirles desatar un nuevo conflicto con Israel.

Varias preguntas se imponen. ¿Por qué tomaron esta iniciativa los Guardianes de la Revolución? ¿Pusieron al tanto previamente al Guía de la Revolución, Alí Khamenei? Dicho de otra manera, ¿deben interpretarse estos hechos como una amenaza real contra Tel Aviv o como una jugada de política interna iraní?

En cuanto el presidente Trump anunció que Estados Unidos se retira del JCPOA, el presidente iraní Hassan Rohani intervino en la televisión para declarar que el JCPOA es un acuerdo multilateral que no puede ser echado abajo por una sola de las partes firmantes. Pero sobre todo trató de tranquilizar a sus compatriotas asegurando que el país se había preparado para esta situación y que su nivel de vida no se verá afectado. El problema es que nadie le cree. En un solo día, la moneda iraní se derrumbó y perdió cerca de la tercera parte de su valor.

Luego intervino el Guía, Alí Khamenei, maldiciendo a Trump y dando así la impresión de confirmar que Irán enfrenta una catástrofe. Además, Khamenei puso en duda que los europeos sean capaces de enfrentarse a Estados Unidos y concluyó que también acabarán saliendo del acuerdo.

Por el momento, las empresas europeas están en espera de conocer la posición de sus gobiernos. Pero todas se preparan para la posible pérdida de sus inversiones en Irán, como ya sucedió en el momento de las primeras sanciones contra ese país.

En todo caso, mientras que Estados Unidos no ha sacado aún conclusiones militares de su propia retirada del JCPOA, los iraníes dan por recobrada su libertad de acción. Con el ataque contra Israel han respondido al presidente Trump. Es probable que mantengan la presión, en Siria y en otros lugares, hasta que Washington vuelva a la mesa de negociaciones.

Thierry Meyssan




viernes, 4 de mayo de 2018

INTRUCCION A LAS CUESTIONES LXIII Y LXIV DEL PECADO Y CASTIGO DE LOS ANGELES MALOS



He subido muchos artículos de Santo Tomas de Aquino que no recuerdo si entre ellos ha entrado la cuestión 63 y 64 donde el santo doctor trata in extenso “del pecado y castigo de los ángeles malos”  a quienes comúnmente se les llama “demonios”, “diablos” entre otros tantos nombres. Creo conveniente tratar sobre estas dos cuestiones por la gran ignorancia del siglo actual tan dado a la superstición que, por desgracia, lleva a muchas almas asía la condenación eterna. En esta superstición los demonios juegan un papel muy importante como “instrumentos” de muchos malvados hombres sin escrúpulo y con la mayor saña como nunca se ha visto desde la muerte de nuestro Salvador en la cruz, hombres que terminan sus días bajo el dominio de quien creyeron ser su supuesto instrumento y cuyas vidas terminan en la condenación eterna.
Cuanta no sería mi alegría al ver que muchas almas leyeran con gran atención los siguientes artículos sobre este tema, más temo que el mismo demonio trate de ocultar dichos artículos a los ojos de los hombres para proseguir su maléfico plan de perder las almas ganadas por el bautismo por Nuestro Señor Jesucristo quien derramo su preciosísima sangre en el Calvario para redimirnos del pecado y librarnos de enemigo tan tirano e indeseable como lo son los ángeles caídos. A nuestra bienaventurada Madre la Santísima Virgen María encomiendo estos artículos confiado en su intercesión ante su Hijo amado para el mayor bien de las almas y a Santo Tomas de Aquino me encomiendo para que él guie e ilumine mi pobre inteligencia a fin de hacer accesible este estudio a todas las mentes de las almas de buena voluntad interesadas en conocer las artimañas de este enemigo feroz de nuestras almas.
Arturo Vargas Meza Pbro.

Para lograr un perfecto conocimiento de la naturaleza angélica, según el orden lógico que Santo Tomás se propuso, síguese el tratar de los ángeles teniendo en cuenta la defección de algunos de ellos, que en criaturas intelectuales dotadas de libertad supone culpa o pecado y' lleva consigo una pena 'como castigo de tal culpa, poniéndolos en estado de condenación.

I.-CONEXION DE LAS CUIESTIONES 63 y 64

Son estas dos cuestiones, íntimamente relacionadas entre sí, una aplicación particular de la doctrina general anteriormente expuesta sobre el difícil problema de la existencia del mal, principalmente bajo su doble aspecto de mal de culpa y mal de .pena (véase 1: p., qq. 48 Y 49).
Si ya la existencia del mal físico en el mundo ofrece, en líneas generales, serias dificultades, que han hecho naufragar en todos los tiempos a algunos pensadores, bajo su aspecto moral reviste especiales características cuando se trata de criaturas tan perfectas como los ángeles, que llevan aneja a su naturaleza la carencia de concupiscencia y demás factores psíquicos y pasionales que en el hombre sirven de base racional para la explicación del pecado.            
No hay lugar a tratar en los ángeles del mal físico, porque éste no puede tener cabida en ellos, Son perfectamente espirituales, formas subsistentes, en las que no cabe naturalmente el mal físico (II Sent. d. 5, q. 1, a. 1 ad 15.) Por eso ya se indicó que en el orden natural son seres perfectos y que fueron por Dios creados sin miseria alguna. Pero, en cambio, son por su naturaleza capaces de mal moral.  
Recuérdese que, "como el bien es de suyo objeto de la voluntad, el mal, que es privación de bien, se encuentra de un modo peculiar en las criaturas racionales, dotadas de voluntad", porque "la división en mal de pena y mal de culpa no ,es del mal en general, sino del mal en las cosas voluntarias", teniendo en ellas lugar uno y otro, "o bien por la substracción de la forma o de alguna parte necesaria para la integridad del ser", mal de pena, "o bien por la substracción de la operación debida, ya sea porque se carece en absoluto de ella o 'ya porque no tiene el modo y orden debidos", mal de culpa o pecado.(l." p., q. 48; a. 5, c. y ad 2).
Atendiendo a esta relación íntima y necesaria entré uno y otro mal, y para no incurrir en repeticiones que de otro modo serían inevitables, unimos ambas cuestiones en una sola introducción,

2° ORDEN DE LOS ARTICULOS DE AMBAS
CUESTIONES

Lo que sin duda da ocasión y sirve de base para estas dos cuestiones es el hecho del pecado de algunos ángeles, del que tenemos noticia por la revelación, y nótese que, de no existir esa revelación divina, la humana razón nada podría hacer en esta materia sino debatirse entre conjeturas para explicar la existencia y causa de muchos males y fenómenos que parecen superar las fuerzas de la naturaleza, pero nada, podría determinar sobre este particular estado de algunos ángeles a quienes llamamos demonios.
Para estudiar este amplio y difícil problema, supuesto el hecho del pecado y la pena consiguiente, conocidos por la revelación, el Angélico Maestro considera primero el mal de culpa en los ángeles (q. 63) y después el mal de pena o castigo (q. 64).
El pecado o mal de culpa lo estudia el santo Doctor primero de un modo general (aa. 1-3), determinando, para justificar su existencia, la posibilidad del mismo en los ángeles (a. 1) y su naturaleza (aa, 2-3), tanto genérica, estableciendo que formalmente fue pecado de soberbia (a. 2), como específica, por razón del objeto sobre que versó esa soberbia, que consistió en apetecer ser como Dios (a. 3).
Desciende después a un estudio particular del mismo pecado (aa, 4-9), atendiendo primero al tiempo o momento en el cual tuvo lugar. (aa. 4-6) y luego a los sujetos que peca  ron (aa. 7-9).
En el primer aspecto se estudian tres puntos: si además de los ángeles que pecaron voluntariamente, haciéndose malos, hay algunos que lo sean naturalmente (a. 4), Y supuesto que no sean demonios por naturaleza, si alguno de ellos pudo ser malo en el primer instante de su creación por un acto de su propia voluntad (a. 5) o si transcurrió algún tiempo entre su creación y su caída (a. 6).
Bajo el segundo aspecto se estudian otros tres puntos: Si el principal de los ángeles que cayeron en el pecado era el supremo entre todos los ángeles (a. 7); si influyó en los otros, siendo de algún modo causa de su pecado y cómo (a. 8), y, por último, qué proporción hay entre el número de los que pecaron y el de los que perseveraron (a. 9).
Se cierra así el estudio del mal de culpa en los ángeles, pasando a estudiar en la cuestión 64, última de este tratado, el ,mal de pena, o castigo del pecado, y condición en, que quedaron por su caída, considerándolo en lo que afecta intrínsecamente a las dos facultades que hay en los ángeles, entendimiento y voluntad (aa. 1-3), y por lo que se refiere a algo extrínseco, que es el lugar de su castigo (a. 4).
Bajo la primera consideración el estudio de la pena del entendimiento (a. 1) y de la voluntad, en la que se da obstinación en el mal (a. 2) y aflicción o dolor, no en. su concepto de pasión sensible, sino en cuanto es simple acto de' la voluntad y reacción de la misma frente a lo que la contraría (a. 3).
Todos estos puntos, que el Angélico Maestro desarrollo a en las dos cuestiones, quedan así esquematizados en el siguiente cuadro:


jueves, 3 de mayo de 2018

Confesiones de San Agustín



VI,10. De este modo vine a dar con unos hombres delirantes de soberbia, carnales y charlatanes, en cuya boca hay lazos diabólicos y una mezcla viscosa hecha con las sílabas de tu nombre, del de nuestro Señor Jesucristo y del de nuestro Paráclito y Consolador, el Espíritu Santo. Estos nombres no se apartaban de sus bocas, pero sólo en el sonido y ruido de la boca, pues en lo demás su corazón estaba vacío de toda verdad.
Decían: «¡Verdad! ¡Verdad!», y me lo decían muchas veces, pero Jamás se hallaba en ellos; más bien decían muchas cosas falsas, no sólo de ti, que eres verdaderamente la Verdad, sino también de los elementos de este mundo, creación tuya, a partir de los que debí sobrepasar incluso lo verdadero que dicen los filósofos, por amor a ti, ¡oh Padre mío sumamente bueno y hermosura de todas las hermosuras! ¡Oh verdad, verdad!, cuán íntimamente suspiraba entonces por ti desde las médulas de mi alma, cuando aquéllos te hacían resonar en torno mío frecuentemente y de muchos modos, si bien sólo de palabras y en sus muchos y voluminosos libros. Estos eran las bandejas en las que, estando yo hambriento de ti, me servían en tu lugar el sol y la luna, obras tuyas hermosas, pero al fin obras tuyas, no tú mismo, y ni aun siquiera de las principales. Porque más excelentes son tus obras espirituales que estas aquellas primeras, sino de ti misma, ¡oh Verdad, en quien no hay mudanza alguna ni obscuridad momentánea! Y continuaban aquéllos sirviéndome en dichas bandejas espléndidos fantasmas, respecto de los cuales hubiera sido mejor amar este sol, al menos verdadero a la vista, que no aquellas falsedades que por los ojos del cuerpo engañaban al alma.
Mas como las tomaba por ti, comía de ellas, no ciertamente con avidez, porque no me sabían a ti –que no eras aquellos vanos fantasmas–ni me nutría con ellas, más bien me sentía cada vez más extenuado. Y es que el alimento que se toma en sueños, no obstante ser muy semejante al que se toma despierto, no alimenta a los que duermen, porque están dormidos. Pero aquéllos no eran semejantes a ti en ningún aspecto, como ahora me lo ha manifestado la verdad, porque eran fantasmas corpóreos o falsos cuerpos, en cuya comparación son más ciertos estos cuerpos verdaderos que vemos con los ojos de la carne –sean celestes o terrenos–tal como las bestias y aves.
Vemos estas cosas y son más ciertas que cuando las imaginamos, y a su vez, cuando las imaginamos, más ciertas que cuando por medio de ellas conjeturamos otras mayores e infinitas, que en modo alguno existen. Con tales quimeras yo me apacentaba entonces y por eso no me nutría. Mas tú, amor mío, en quien desfallezco para ser fuerte, ni eres estos cuerpos que vemos, aunque sea en el cielo, ni los otros que no vemos allí, porque tú eres el Creador de todos éstos, sin que los tengas por las más altas creaciones de tu mano.
¡Oh, cuán lejos estabas de aquellos mis fantasmas imaginarios, fantasmas de cuerpos que no han existido jamás, en cuya comparación son más reales las imágenes de los cuerpos existentes; y más aún que aquéllas, éstos, los cuales, sin embargo, no eres tú! Pero ni siquiera eres el alma que da vida a los cuerpos –y como vida de los cuerpos, mejor y más cierta que los cuerpos–, sino que tú eres la vida de las almas, la vida de las vidas, que vives por ti misma y no te cambias: la vida de mi alma.
11. (...) Porque los versos y la poesía los puedo yo convertir en vianda sabrosa; y en cuanto al vuelo de Medea, si bien lo recitaba, no lo afirmaba; y si gustaba de oírlo, no lo creía. Mas aquellas cosas las creí. ¡Ay, ay de mí, por qué grados fui descendiendo hasta las profundidades del abismo, lleno de fatiga y devorado por la falta de verdad! Y todo, Dios mío –a quien me confieso por haber tenido misericordia de mí cuando aún no te confesaba–, todo por buscarte no con la inteligencia –con la que quisiste que yo aventajase a las bestias–, sino con los sentidos de la carne, porque tú estabas dentro de mí, más interior que lo más íntimo mío y más alto que lo más sumo mío.
VII,12. No conocía yo lo otro, lo que verdaderamente es; y me sentía como agudamente movido a asentir a aquellos recios engañadores cuando me preguntaban de dónde procedía el mal, y si Dios estaba limitado por una forma corpórea, y si tenía cabellos y uñas, y si habían de ser tenidos por justos los que tenían varias mujeres al mismo tiempo, y los que causaban la muerte a otros y sacrificaban animales. Yo, ignorante de estas cosas, me perturbaba con ellas y, alejándome de la verdad, me parecía que iba hacia ella, porque no sabía que el mal no es más que privación del bien hasta llegar a la misma nada. Y ¿cómo lo había yo de saber, si con la vista de los ojos no alcanzaba a ver más que cuerpos y con la del alma no iba más allá de los fantasmas? Tampoco sabía que Dios fuera espíritu y que no tenía miembros a lo largo ni a lo ancho, ni cantidad material alguna, porque la cantidad o masa es siempre menor en la parte que en el todo, y, aun dado que fuera infinita, siempre sería menor la contenida en el espacio de una parte que la extendida por el infinito, por lo demás, no puede estar en todas partes como el espíritu, como Dios. También ignoraba totalmente qué es aquello que hay en nosotros según lo cual somos y con verdad se nos llama en la Escritura imagen de Dios.
13. No conocía tampoco la verdadera justicia interior, que juzga no por la costumbre, sino por la ley rectísima de Dios omnipotente, según la cual se han de formar las costumbres de los países y épocas conforme a los mismos países y tiempos; y siendo la misma en todas las partes y tiempos, no varía según las latitudes y las épocas. Según la cual fueron justos Abraham, Isaac, Jacob y David y todos aquellos que son alabados por boca de Dios; aunque los ignorantes, juzgando las cosas por el módulo humano y midiendo la conducta de los demás por la suya, los juzgan inicuos. Como si un ignorante en armaduras, que no sabe lo que es propio de cada miembro, quisiera cubrir la cabeza con las polainas y los pies con el casco y luego se quejase de que no le venían bien las piezas. O como si otro se molestase de que en determinado día, mandando guardar de fiesta desde mediodía en adelante, no se le permitiera vender la mercancía por la tarde que se le permitió por la mañana; o porque ve que en una misma casa se permite tocar a un esclavo cualquiera lo que no se consiente al que asiste a la mesa; o porque no se permite hacer ante los comensales lo que se hace tras los establos; o, finalmente, se indignase porque, siendo una la vivienda y una la familia, no se distribuyesen las cosas a todos por igual.
Tales son los que se indignan cuando oyen decir que en otros siglos se permitieron a los justos cosas que no se permiten a los justos de ahora, y que mandó Dios a aquéllos una cosa y a éstos otra, según la diferencia de los tiempos, sirviendo unos y otros a la misma norma de santidad. Y éstos no se dan cuenta que en un mismo hombre, y en un mismo día, y en la misma hora, y en la misma casa conviene una cosa a un miembro y otra a otro y que lo que poco antes fue lícito, pasado su momento no lo es; y que lo que en una parte se permite, justamente se prohíbe y castiga en otra.
¿Diremos por esto que la justicia variable y cambiante? Lo que pasa es que los tiempos que aquélla preside y rige no caminan iguales, porque son tiempos. Mas los hombres, cuya vida sobre la tierra es breve, como no saben compaginar las causas de los siglos pasados y de las gentes que no han visto ni experimentado con las que ahora ven y experimentan, y, por otra parte, ven fácilmente lo que en un mismo cuerpo, y en un mismo día, y en una misma casa conviene a cada miembro, a cada tiempo, a cada parte y a cada persona, condenan las cosas de aquellos tiempos, en tanto que aprueban las de éstos.


miércoles, 2 de mayo de 2018

EL SANTO ABANDONO. DOM VITAL LEHODEY


2. EL ABANDONO EN LAS COSAS TEMPORALES, EN GENERAL

Nuestro Señor nos lo hace repetir en la oración dominical y la Iglesia en su Liturgia. Más Dios no ha prometido escuchar siempre este género de peticiones, y nosotros sólo podemos formularlas bajo condición de que tal sea la voluntad divina.
Aun cuando temiéramos perder la paciencia, nos bastaría manifestar a Dios esta alternativa, o que disminuya la carga o que aumente las fuerzas. Lo que sí convendrá pedir siempre y de una manera absoluta, es el espíritu de fe, la paciencia y las demás disposiciones que convienen al tiempo de la prueba, y en tanto que ésta dure, indudablemente Dios quiere que practiquemos estas virtudes, ya que es éste precisamente el fin que se propone al enviárnosla.
Los bienes y los males temporales no son, pues, sino bienes o males relativos. De unos y de otros puede hacerse el uso más acertado o el más desgraciado abuso. ¿Seremos tan juiciosos que nos sirvamos de ellos para despegarnos de la tierra y aficionamos solamente a los bienes del cielo? « ¿Pasaremos por los bienes temporales de suerte que no perdamos los eternos?» ¿No llegaremos a ser del número de los insensatos que se olvidan de Dios en la fortuna próspera y murmuran de Él en la adversidad? Nada podemos asegurar, pues sólo Dios lo sabe. A propósito de los bienes y males temporales, tendremos diversos deberes que cumplir, y el primero será siempre la conformidad con la voluntad divina.
Quiera Dios que la nuestra sea, no la simple resignación, sino el Santo Abandono, es decir, una total indiferencia por virtud, la espera general y pacífica antes de los acontecimientos, y en cuanto el beneplácito divino se haya declarado, una sumisión amorosa, confiada y filial. Dirigiremos una rápida ojeada sobre las situaciones comunes a todos los hombres, ya sean del claustro, ya del mundo. Sin embargo, los consejos que daremos para determinados casos, podrá cada cual extenderlos a otros análogos, según los deberes de su estado.
Y con objeto de poner un poco de orden en materia tan compleja, examinaremos uno por uno los bienes y los males del orden temporal que están fuera de nosotros, los que tienen su asiento en nosotros, en el cuerpo o en el espíritu, y los que dependen de la opinión de los demás. Antes, empero, hemos de decir una palabra sobre los bienes y los males naturales que no pertenecen ni a nosotros ni a nadie, y que es preciso sufrir de buen grado o por fuerza. Cedamos la palabra al P. Saint-Jure: «Debemos conformar nuestra voluntad con la de Dios en las cosas naturales que están fuera de nosotros: el calor, el frío, la lluvia, el granizo, las tempestades, el trueno, el relámpago, la peste, el hambre y finalmente todas las influencias del aire y el desorden de los elementos. Debemos aceptar todos los tiempos que Dios nos envía, y no soportarlos impacientes y airados, como es costumbre cuando nos son contrarios. No conviene decir: ¡Qué mal tan desesperante y desgraciado, y servirnos de expresiones que manifiesten la contradicción y el descontento de nuestros espíritus. Debemos querer el tiempo como es, puesto que Dios lo ha hecho, y decir en esta incomodidad, con los tres muchachos del horno de Babilonia: "Frío, calor, hielo y nieve, rayos y nubes, bendecid al Señor, alabadle y ensalzadle para siempre". Estas criaturas lo hacen sin cesar obedeciendo a Dios y cumpliendo su santísima voluntad, pues con ellas hemos de bendecirle y glorificarle nosotros por el mismo medio. Debiéramos pensar, a fin de ahogar estos movimientos injustos y estas expresiones desordenadas, que si este tiempo nos es incómodo, a otros les es cómodo; que si no es bueno para la parte, es útil al todo; que si estorba nuestros planes, favorecerá los del vecino, y cuando así no fuera, ¿no nos basta que sea siempre bueno para la gloria de Dios, ya que es según su voluntad y en ello tiene El sus complacencias?
3. EL ABANDONO EN LOS BIENES Y EN LOS MALES EXTERIORES
Artículo 1º.- La prosperidad y la adversidad Comenzamos por lo que es más general, la adversidad o la prosperidad, tanto para nosotros como para los que nos son queridos (familia, comunidad, etc.).
Se puede hacer un buen uso de la prosperidad y de la adversidad, y se puede abusar de ellas. ¿Seremos del número de los sabios o de los necios? ¿Querrá Dios hacernos pasar por buena o por mala fortuna? ¿Tendrá intención de retenernos mucho tiempo sobre la cruz? Nada sabemos, y, por consiguiente, el partido más acertado es establecernos en la santa indiferencia, esperar en paz el divino beneplácito aceptado con amorosa confianza, y sacar de él todo el provecho posible.
A la luz de una fe viva, la prosperidad se nos presentará como una sonrisa perpetua de la Providencia, y por lo mismo abriremos gustosos nuestro corazón al reconocimiento, al amor, a la confianza para con nuestro Padre Celestial. Cada nueva prenda de su afecto hará brotar de nuestros labios un gracias sincero. Con ella aliviaremos a nuestros hermanos menos afortunados, llevándolos así a bendecir con nosotros al Autor de todos los bienes. Mas desgraciadamente tiene razón San Francisco cuando dice: «La prosperidad tiene atractivos que encantan los sentidos y adormecen la razón; imperceptiblemente nos hace cambiar, de suerte que nos aficionamos a los dones, olvidando al Bienhechor.» Y hasta nos hace descender, por decirlo así, y sin darnos cuenta, hacia una vida menos austera, en busca de nuestras comodidades, por los senderos de relajación. Se verá quizá, y no sin asombro, que algunos hacen profesión de vivir unidos a Jesucristo en la cruz y, sin embargo, andan ansiosos de la prosperidad, ávidos de procurarse los bienes de la tierra, ardientes por fijar en ellos su corazón, presurosos en recurrir a Dios cuando la espina de la adversidad llega a punzarles, impacientes por librarse de ella. Y, sin embargo, el Evangelio no pone la bienaventuranza cristiana sino en la pobreza, en los desprecios, el dolor, las lágrimas, las persecuciones; la misma filosofía nos enseña que la prosperidad es la madrastra de la verdadera virtud y la adversidad su madre. Con harta frecuencia el estado de prosperidad habitual es un lazo, y recordando que ella no ha sonreído de esta manera a Nuestro Señor y a los santos, el verdadero espiritual concluirá por inquietarse y deseará no gozar tanto de este mundo; sólo una cosa le dará seguridad: estar en manos de Dios y sentirse bajo su mirada.


viernes, 16 de marzo de 2018

El nuevo arsenal nuclear ruso restaura la bipolaridad del mundo





Los expertos se interrogaban sobre la posible evolución del orden mundial hacia un sistema multipolar o simplemente tripolar. Pero los rapidísimos avances de la tecnología militar rusa imponen el regreso a una organización bipolar. Aquí pasamos revista a las enseñanzas de los 3 últimos años, hasta el momento de las revelaciones que hizo el presidente Vladimir Putin el 1º de marzo de 2018.
Regreso al punto inicial del juego. Cegado por una superioridad que creyó eterna, Estados Unidos no vio venir el regreso de Rusia a la posición de gran potencia militar.
usia y sus aliados se habían comprometido, durante el segundo trimestre de 2012, a desplegar en Siria una fuerza de paz en cuanto se concluyera el acuerdo de Ginebra.

Pero el contexto cambió totalmente cuando Francia reactivó la guerra contra Siria, en julio de 2012. Rusia había dado los pasos necesarios para que la ONU otorgara su reconocimiento a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) y así poder desplegar en Siria soldados musulmanes, principalmente de Kazajstán, pero nada llegó a hacerse en ese sentido. A pesar de los pedidos de ayuda de Damasco, Moscú se mantuvo en silencio por un largo periodo. Habría que esperar aún 3 años, antes de que llegara a Siria la aviación rusa y comenzara a bombardear las instalaciones subterráneas de los yihadistas.

Durante esos 3 años se produjeron diversos incidentes militares entre Rusia y Estados Unidos. El Pentágono se quejó, por ejemplo, de la extraña agresividad de los bombarderos rusos que se aproximaban a las costas estadounidenses. En Damasco, todos trataban de explicarse el silencio ruso, preguntándose incluso si Moscú había olvidado sus compromisos. Pero no era esa la causa de aquel silencio. Rusia estaba conformando en secreto un nuevo arsenal y se hizo presente sólo cuando pensó que estaba listo.

Desde el inicio de su intervención, las fuerzas armadas rusas instalaron un sistema que no interfiere los sistemas de mando de la OTAN sino que los desconecta en un radio de 300 kilómetros a partir de la ciudad siria de Latakia. Posteriormente, desplegaron ese mismo sistema en la región del Mar Negro y en Kaliningrado. Además de sus nuevos aviones, Rusia utilizó misiles crucero dotados de mayor precisión que los de Estados Unidos y que fueron lanzados por la marina de guerra rusa desde el Mar Caspio. El mes pasado [febrero de 2018], Rusia puso a prueba, en el campo de batalla, aviones multipropósito con capacidades hasta ahora desconocidas.

Según los generales estadounidenses presentes en el terreno, ahora resulta que el ejército ruso dispone de fuerzas convencionales más eficaces que las de Estados Unidos. Pero sus homólogos del Pentágono siguen convencidos de la superioridad estadounidense, creyéndola eterna, y todavía albergan dudas sobre el progreso ruso. Según estos últimos, es simplemente ridículo comparar las fuerzas armadas rusas con las de Estados Unidos, por ser el presupuesto militar estadounidense 8 veces superior al de la Federación Rusa. Sin embargo, en la ciencia militar la comparación entre los desempeños de dos ejércitos rivales nunca se ha limitado al monto de sus presupuestos, algo que Vladimir Putin señaló al mencionar la calidad excepcional de los soldados rusos en relación con los de Estados Unidos.

En todo caso, si las fuerzas armadas de la Federación Rusa son un poco mejores en materia de guerra convencional, también es cierto que no pueden desplegarse simultáneamente en varios teatros de operaciones y que Washington conserva su superioridad nuclear.

La entrada en guerra, el 24 de febrero de 2018, de la infantería rusa en la Ghouta Oriental, o sea en las afueras de Damasco, es sin dudas resultado de un acuerdo con Estados Unidos, que se ha comprometido a no implicarse más en Siria y, por tanto, a no reproducir en suelo sirio el acoso que Washington orquestó contra el Ejército Rojo en el Afganistán de los años 1980. Es también muestra de que el Pentágono teme ahora que el ejército ruso le pague ahora con la misma moneda en otros lugares del mundo.

Y es precisamente en este contexto que el presidente Putin viene a cuestionar la superioridad nuclear de Estados Unidos. En su intervención ante el Parlamento, el 1º de marzo de 2018, el presidente ruso anunció que su país posee ahora un asombroso arsenal nuclear.

Los programas que anunció ya eran más o menos conocidos desde hace tiempo, pero los expertos creían que aún pasaría mucho tiempo antes de que llegaran a su fase operativa, fase que ya alcanzó la mayor parte de ese armamento. Habría que preguntarse como se logró esto sin que los servicios de inteligencia estadounidenses pudiesen detectarlo. Así sucedió, por ejemplo, con el Sukhoi-57, que ya pasó su bautismo de fuego –en condiciones de combate–, hace 3 semanas, aunque la CIA no esperaba verlo listo antes del año 2025.
Vladimir Putin dio a conocer el nuevo arsenal de la Federación Rusa. El misil intercontinental Sarmat, nombre de un antiguo pueblo ruso que consideraba iguales a mujeres y hombres, retoma la técnica de la «cabeza orbital», que ya había garantizado la superioridad soviética en los años 1970 y que la Unión Soviética había abandonado debido a la firma y ratificación [sólo por parte de la URSS] de los acuerdos SALT II. Pero el Senado estadounidense nunca ratificó los acuerdos SALT II, provocando así su caducidad. El tipo de misil llamado de «cabeza orbital» tiene alcance ilimitado. Su cabeza se sitúa primero en órbita y, en el momento de su uso, reingresa a la atmósfera terrestre y se precipita sobre el blanco designado. Los tratados que prohíben la nuclearización del espacio prohíben poner una carga nuclear en órbita de forma permanente. Pero no prohíben hacerla salir al espacio durante una etapa de su trayectoria. Eso es lo que hace el misil Sarmat y, en el estado actual de los conocimientos resulta imposible interceptarlo durante esa etapa de su trayectoria. O sea, el misil Sarmat es disparado, sale al espacio durante parte de su recorrido y reingresa en la atmósfera cuando se abate sobre su objetivo en cualquier lugar del planeta.
El misil Kinzhal (Daga) se lanza desde un bombardero para alcanzar una velocidad hipersónica, o sea al menos 5 veces la velocidad del sonido. Esa velocidad hipersónica lo hace, evidentemente, imposible de interceptar. Ya fue puesto a prueba exitosamente, hace 3 meses.
Rusia dispone también de un motor nuclear miniaturizado al extremo de poder garantizar el desplazamiento de un misil crucero dotado de una carga nuclear. Los misiles crucero son capaces de seguir trayectorias imprevisibles y este nuevo motor nuclear les garantiza una autonomía de vuelo prácticamente infinita, lo cual implica un alcance ilimitado.
Instalado en un drone submarino, ese motor nuclear de nuevo tipo permite al artefacto submarino no tripulado desarrollar una velocidad varias veces superior a la de los submarinos clásicos y transportar una carga nuclear considerable a través de largos trayectos. Además del efecto destructivo de su impacto, esa carga nuclear es capaz de provocar un tsunami, o sea una ola de 500 metros de altura a lo largo de cualquier costa oceánica.
Rusia está desarrollando también el proyectil hipersónico Avangard. Además de transitar por el espacio exterior como el misil intercontinental Sarmat y de ser capaz de desarrollar una velocidad hipersónica similar al Kinzhal, el Avangard se caracteriza por sus posibilidades de modificar su trayectoria durante la fase de vuelo.


Estas nuevas armas rusas han sido concebidas para burlar y convertir en algo inútil el «escudo antimisiles» que el Pentágono ha venido desplegando, creando una base tras otra, a través del mundo desde unos 40 años. No es un problema de superioridad en cuanto a fuerza sino de concepción técnica. El principio mismo del «escudo antimisiles» no constituye una defensa válida ante este armamento.
Peor aún, el presidente Putin anunció también un arma laser cuyas características no especificó y que al parecer es capaz de interceptar parte de los vectores estadounidenses existentes.
Por el momento, los estados mayores de los países miembros de la OTAN dicen no creer ni una palabra de esos anuncios, que les parecen cosa de ciencia ficción.

Pero la Historia nos ha enseñado que Rusia, donde en vez de póker se juega ajedrez, no suele recurrir a la exageración o el engaño cuando se refiere a su arsenal. A menudo ha dado a entender que algún arma en fase de estudio ya estaba en fase operativa, pero nunca anunció oficialmente tener «listo para el combate» un armamento que aún no lo estuviese. Las más de 200 nuevas armas utilizadas en Siria son más que convincentes en cuanto al avance tecnológico de los científicos rusos.

Los enormes progresos de Rusia privan a Estados Unidos del privilegio de poder asestar el primer golpe. En lo adelante, en caso de guerra nuclear, los Dos Grandes podrán “golpearse” mutuamente. Estados Unidos dispone de un número considerablemente más elevado de misiles con cargas nucleares y Rusia será capaz de interceptar muchos de ellos. Dado el hecho que cada uno de los Dos Grandes dispone de capacidades nucleares suficientes como para destruir el planeta varias veces, los dos se ven de nuevo teóricamente en condiciones de igualdad en ese tipo de enfrentamiento.

Del lado estadounidense, el complejo militaro-industrial está estancado desde unos 20 años. El proyecto más gigantesco en toda la historia de la aviación militar –el avión de combate F-35 estadounidense– supuestamente debía reemplazar simultáneamente los F-16, los F-18 y los F-22. Pero Lockheed Martin no ha sido capaz de concebir los programas informáticos previstos y el F-35 existente no satisface en realidad los requerimientos iniciales, así que la US Air Force se plantea la necesidad de retomar la producción de los aparatos que antes planeaba desechar.

El presidente Donald Trump y su equipo han decidido atraer hacia Estados Unidos nuevas mentes para redinamizar la producción de armamento y obligar al lobby militaro-industrial a satisfacer las necesidades del Pentágono, en vez de seguir vendiéndole cosas viejas rediseñadas. Pero necesitará al menos 20 años para recuperar el retraso acumulado.

Los progreso técnicos de Rusia no sólo modifican el orden mundial, restableciendo –contra todo pronóstico– un sistema bipolar sino que también obliga a los estrategas a “repensar” las maneras de hacer la guerra.

La Historia nos ha enseñado que son pocos los hombres que perciben de inmediato los cambios de paradigma en el campo militar. En el siglo XV, cuando franceses e ingleses se enfrentaron en la batalla de Azincourt, los caballeros franceses –que apenas podían moverse con sus pesadas armaduras– sufrieron una aplastante derrota ante los arqueros a pie ingleses, que incluso estaban en condiciones de inferioridad numérica… porque los jefes franceses se empeñaron en seguir la vieja táctica de recurrir a la caballería pesada subestimando el combate a distancia mediante el uso de flechas y obuses. Aún después de Azincourt, a lo largo de 100 años más, los caballeros metidos en sus pesadas armaduras siguieron cayendo ante los arqueros en los campos de batalla.

En otro ejemplo mucho más reciente, desde la derrota de Saddam Hussein, en 1991, durante la operación “Tormenta del Desierto”, no se han visto batallas de tanques. Pero casi ningún ejército ha sabido interpretar lo sucedido. En 2006, la victoria de los pequeños grupos de combatientes del Hezbollah libanés frente a los tanques israelíes Merkava mostró fehacientemente la vulnerabilidad de ese tipo de equipamiento. Pero no son muchos los países que han sacado conclusiones de esos hechos, con excepción, por ejemplo, de Australia y Siria. Hasta Rusia sigue construyendo fortalezas rodantes que no resistirán el impacto de los RPG –también rusos– correctamente utilizados.

El arsenal ruso es invencible, al menos para quien trate de combatirlo con métodos tradicionales. Interceptar misiles hipersónicos, por ejemplo, resulta impensable. Quizás habría que tratar de controlarlos antes de que alcancen esa velocidad. Las investigaciones militares tendrán entonces que reorientarse hacia el control de los sistemas de mando y de comunicaciones del adversario… otro sector donde los rusos también tienen la ventaja.

Thierry Meyssa